Eduardo Ponce de Vivanco

Eduardo Ponce de Vivanco

Asfixiando el mercado del Pisco

Controversia entre Perú y Chile debe ser zanjada en la OMC

Asfixiando el mercado del Pisco
Eduardo Ponce de Vivanco
05 de junio del 2017

Controversia entre Perú y Chile debe ser zanjada en la OMC

Consumidores somos todos. Pasamos la vida comprando los bienes y servicios de los productores, ese reducido grupo de consumidores dedicado a producir y vender lo que necesitamos y no tenemos. Así se generan el comercio y el mercado. Lo democrático sería que todos tengan la oportunidad de consumir lo que requieran, a los mejores precios y en las mejores condiciones. Pero ello será imposible si los gobiernos incumplen la función vital de garantizar la libre competencia, en vez de limitarla con normas y regulaciones que responden o estimulan corruptelas mercantilistas en detrimento de las mayorías consumidoras. Eso sería lo democrático, sin duda. Pero con el pisco ocurre exactamente lo contrario.

Son normas estatales las que vulneran nuestro derecho a consumir lo mejor y al mejor precio posible. Si el 35% de las exportaciones nacionales de pisco van a Chile, debe ser porque los consumidores chilenos (y los connacionales que viven allá) quieren beber pisco peruano. Pero están a punto de perder este derecho por aplicación de las leyes de su país, como en el caso del Concurso Mundial de Bruselas. Contra su propio interés, los productores vecinos se complacen de esta victoria pírrica en detrimento de los consumidores de pisco en Chile.

No sé cómo es en el Perú. Nunca he probado el licor que se hace en Chile con el mismo nombre de pisco. Pedí a una amiga de Santiago que me regalara una botella del mejor y, para mi vergüenza, se lo confiscaron en la aduana del aeropuerto.

Las diplomacias de los dos países han resuelto problemas históricos de gran envergadura, pero ni siquiera se atreven a lidiar con esta divergencia que explota al menor estímulo y en forma recurrente. Académicos, políticos, embajadores, periodistas y empresarios se reúnen aquí y allá para fortalecer nuestras relaciones… hasta que el pisco toque de nuevo la corneta del enfrentamiento alcohólico. ¿Podemos ignorar esta rivalidad adolescente que asfixia el diminuto mercado internacional del pisco, en lugar de hacerlo crecer? ¿Somos conscientes de que es un mercado muy pequeño porque la mayoría de países no conoce nuestro licor?

Pero lejos de esforzarse más para revertir esta situación, Perú y Chile —los principales componentes del mercado pisquero— se empeñan en sofocarlo, prohibiendo consumir el producto del “otro”, o castigándolo con medidas arbitrarias como cambiar su denominación. No nos conviene disminuir las importaciones chilenas ni afectar la sinergia existente entre el pisco y la potente gastronomía peruana en Chile. En lugar de restar y dispararnos al pie, ¿por qué no sumar fuerzas en un esfuerzo común de promoción mediante misiones bilaterales que, respetando y explicando las diferencias entre ambos productos, los presenten en el Asia-Pacífico, NAFTA, Europa e India? Si tan seguro está cada uno de que su pisco es el mejor, los consumidores extranjeros —sin nacionalismos de por medio— decidirán cuál prefieren. El mercado es el árbitro más imparcial. Uno venderá más que el otro, pero crecería la producción de los dos y ambas economías ganarían.

Paralelamente, debemos llevar la diferencia a un mecanismo internacional de solución de controversias. El de la Organización Mundial de Comercio (OMC) es probadamente eficaz y respetado. Los dos países podrían plantear el caso de común acuerdo, y los reputados expertos de la OMC colaborarían en la configuración un marco referencial inteligente, en base al convenio sobre Aspectos de los Derechos de Propiedad Intelectual relacionados con el Comercio (ADPIC), que contiene normas aplicables a las denominaciones de origen e “indicaciones geográficas” (la disputa sobre el pisco es similar a las del champagne, el tequila o el queso Roquefort).

Lo inaceptable es seguir dando la espalda a la realidad y dejar las cosas tan mal como están, sujetas a vendavales periódicos, impropios de países maduros que saben asumir sus problemas e intereses. El primer Gabinete Binacional peruano-chileno próximo a reunirse (7 de julio) sería la mejor oportunidad para tratar este problema penoso que es, al mismo tiempo, una extraordinaria oportunidad de cooperación en beneficio mutuo.

 

J. Eduardo Ponce Vivanco

Fotografía: Gestión

Eduardo Ponce de Vivanco
05 de junio del 2017

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