Jaime Chincha

Asalto a pluma armada

Asalto a pluma armada
Jaime Chincha
29 de enero del 2016

Sobre el posible plagio de César Acuña

Los plagios descubiertos en la tesis doctoral de César Acuña son escandalosamente contundentes. No es necesario esperar la investigación de la Complutense para afirmar que Acuña es un copión, un mentiroso, y un ladrón de ideas ajenas. Alguien con esas características no debe gobernar un país, menos postular al cargo público más importante del estado. El cinismo con el que leyó su respuesta a la denuncia es para caerse de la silla. Se ha quedado calato ante todos los peruanos: cree que todo se compra y todo se vende. Un personaje de esa catadura está incapacitado para dirigir nuestra economía, nuestras relaciones internacionales, nuestros impuestos, nuestra política y nuestro Estado.

Ni qué decir de los adulones que lo flanquearon en la vergonzosa conferencia del miércoles a la tarde. Todos han salido con respuestas delirantes, alterados por la desesperación de perder la curul con la que sueñan en esta campaña. Todos los que secundaron a Acuña han quedado en evidencia: Solo les importa el poder y sus prebendas.

Anel ha sido la más patética. Citando a Bill Gates para torcerlo y afirmar que lo importante son las habilidades más que los títulos. ¡Qué tal conveniencia y sentido de la oportunidad intelectual! Negar lo evidente y, encima decir que esto es guerra sucia, nos demuestra lo poco que ella aportaría en el nuevo Congreso. Andrade también resultó ser otro personaje inexplicable. Ha tenido el descaro de decir que el software que detecta los plagios tiene un margen de error del 30%. ¡Qué poca vergüenza! Pobre su hermano Alberto, se debe estar revolcando en la tumba. O sea, que en el universo de Andrade, Acuña no robó el 80% sino el 50%, y por eso merece el perdón. No te robo cuatro llantas, sino solo dos y por eso merece seguir en la elección. ¡Pamplinas!

Yo aún me resisto a pensar que los peruanos de bien nos vamos a tragar el cuento del peruano emprendedor que nos vende Acuña. Eso es una farsa. Y no creo que la gente pase por alto esta trapacería. A nadie le gusta ver a un plagiario haciéndose jefe de cualquier oficina, menos de un país. Creo que los peruanos de bien van a condenar a este Acuña a la hoguera de la indiferencia. Quizá haya todavía un grupúsculo de indolentes entre los electores, capaces de elegir a este impresentable en la presidencia. Pero creo que son los menos. La gente está cambiando. El elector tendrá que abrir bien los ojos y darse cuenta de que el plagio es robo, choreo, hurto, asalto a pluma armada.

Y que no vengan ahora los idiotas de siempre a decir que, como Acuña ha quedado al descubierto como un caco de las ideas de otros, entonces que saquen al fresco los narcoindultos de Alan, la mochila de Keiko y todas las sandeces que suelen decir estos relativistas de la doble moral. Acuña debe irse a su casa y punto. El Jurado debe invalidar su candidatura por haber mentido en la hoja de vida. Eso es delito. Copiarse los textos de otros es delito. ¡Qué tal cuajo! Y como Acuña no se va a ir, porque lo último que posee es dignidad, las autoridades deben retirarlo de la contienda ya mismo. Es un deber moral, ante más de un apremio penal que envuelve a Acuña. ¡Que se vaya por ratero!

Por Jaime Chincha

 
Jaime Chincha
29 de enero del 2016

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