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Arroja la muleta

Columna

Arroja la muleta

6 de Septiempre del 2017

Gobernabilidad no debe depender de mayoría parlamentaria

El tránsfuga y el disidente son problemas solo porque una democracia de baja gobernabilidad, como la nuestra, depende exclusivamente de la mayoría parlamentaria. Pero la democracia es el sistema de gobierno que debe garantizar la gobernabilidad, especialmente cuando el Gobierno no tiene mayoría parlamentaria, como ocurre hoy.

Una falla en la arquitectura del equilibrio de poderes, sin embargo, obliga a que, para compensar la deficiencia, el Gobierno necesite desesperadamente una mayoría parlamentaria propia o prestada para no perder la gobernabilidad. La mayoría parlamentaria es, entonces, una muleta, una prótesis que hace posible solo una baja gobernabilidad.

Y desde el momento en que nos resignamos a vivir con esa muleta, de pronto la gobernabilidad pasa a depender de que unos pocos parlamentarios permanezcan o se muden de bancada. Porque pueden darle o quitarle al Gobierno o a la oposición de turno la mayoría que desesperadamente necesitan.

Era solo cuestión de tiempo, entonces, que se intentara impedirle al parlamentario toda posibilidad mudar de bancada. Pero no es una solución. La prueba de que no es una solución es que, en el caso que nos ocupa, la llamada “ley antitransfuguismo” no logró impedir siquiera que una bancada del Congreso, la del Frente Amplio, se partiera en dos a pesar de las penalidades que sufriría.

Es hora de arrojar la muleta. La verdadera solución, la única definitiva, es corregir la falla en la arquitectura institucional del equilibrio de poderes que hace posible, por ejemplo, censurar ministros o insistir en leyes observadas por el Gobierno con solo la mitad de los votos de la única cámara. Son armas que le dan al Congreso un poder desmedido sobre el Gobierno, uno que no encuentra su contrapeso en la facultad del Ejecutivo de disolver constitucionalmente el Congreso.

En otras palabras, la bicameralidad es una pieza central de la solución. Es la forma correcta de devolverle el equilibrio a la relación entre el Poder Legislativo y el Ejecutivo, entre la oposición y el Gobierno, recuperando en primer lugar el equilibrio interno del Congreso entre el Senado y la Cámara de Diputados.

Así, la gobernabilidad no dependará nunca más de una precaria mayoría parlamentaria, siempre en feroz disputa entre oposición y Gobierno. Los parlamentarios, entonces, podrán cambiar libremente de bancada. Y hasta la mayoría parlamentaria cambiar de manos sin graves consecuencias para nadie.

 

Jorge Morelli

@jorgemorelli1

jorgemorelli.blogspot.com