Úrsula Letona

Úrsula Letona

Agenda monotemática. ¿Y mientras tanto qué?

No olvidemos las reformas verdaderamente necesarias

Agenda monotemática. ¿Y mientras tanto qué?
Úrsula Letona
24 de septiembre del 2018

 

Un grupo de autodenominados líderes de opinión —independientes, se dicen— en las últimas semanas no ha hecho otra cosa que enfilar sus enconadas plumas contra Fuerza Popular y algunos de sus representantes. Muchos de esos “líderes” consumieron la torta publicitaria de quien ellos denominan el “tío Vladi” (en referencia a Vladimiro Montesinos) e incluso han estado estrechamente vinculados a este personaje (y sin duda al Gobierno del Ing. Alberto Fujimori) y han sido de los privilegiados amigos de la corrupta Odebrecht. Han aceptado “donaciones” de esta empresa, pero se excusan señalando que no sabían nada, cuando se ha probado que todo espacio que lograba esta empresa era para apoyar —directa o veladamente— sus actos de corrupción. La única corrupción que ahora observan y denuncian es aquella vinculada [supuestamente] directa o indirectamente a Fuerza Popular y a todo personaje público que no se alinee con sus sesgos ideológicos.

Estos líderes de opinión se erigen como demócratas, respetuosos de la libertad de opinión y sobre todo de las libertades fundamentales. Pero no hacen otra cosa que adjetivar los actos políticos e incluso algunos aspectos físicos de los involucrados en sus ataques, con el único ánimo de generar una corriente de opinión que les permita mantener activo un odio selectivo. Eso sí, insuflan sus pechos hablando de DD. HH., del respeto a las diferencias y condenando la discriminación. Si resultas afín a sus ideas y expeles odio hacia quienes no piensan como ellos, entonces defenderán tus derechos; si no lo eres, las más bajas de sus pasiones serán descargadas contra ti. De hecho su accionar ha servido varias veces para viralizar la frase “Si no hablan de Fuerza Popular no existen”.

Adjetivos de calibre pobre y mediocre como “ganapanetones”, según uno de estos ilustres para referirse a alguna parte de mi cuerpo, o “Lentona”, en alusión a mi apellido, son algunos ejemplos de esas prácticas. No dejaré de mencionar a un ácido caricaturista que también sufre de odios selectivos; sin embargo, escribe en un pasquín donde la objetividad y la verdad hace años escasean, y en el que se enarbolan principios que no practican. Así son estos opinólogos, que escriben con el hígado, no con la razón y menos con objetividad.

No los he insultado, soy de las personas que respetan las diferencias. Más bien procuro combatirlos con argumentos y abordar temas de fondo, pues la afrenta personal es baja y demuestra serias limitaciones de ideas. Las afrentas lo que hacen es alcanzar a las personas que no tienen espacio en el debate, como los integrantes de la familia. Pero de todo ello procuro obtener aspectos positivos, como entender que en la participación política existen personas que se mueven en el fango y expelen ese lodo putrefacto para cortar el desarrollo de la buena política, esa política en la que los contrarios son adversarios y no enemigos.

Las ideas y caricaturas de estos plumíferos —que en un tiempo se autodenominaron la reserva moral del Perú— y su irrupción en la palestra pública permitieron que algunos ex presidentes —como Toledo (prófugo), Humala o PPK— investigados hoy por graves hechos de corrupción alcancen el poder e incluso hasta la impunidad. Pero sobre estos temas no escriben ni una sola frase ¡Así son de selectivos! Fueron cercanos a estos personajes y no cabe duda de que algunos pudieron, como es su práctica, realizar consultorías, obtener provecho y beneficios de ello.

Los demócratas debemos luchar para poner en agenda los temas realmente importantes para el país. Acabamos de confirmar que nuestro país descendió del puesto 59 al puesto 61 en el ranking mundial de progreso social, de un total de 146 países, en el que se miden diferentes componentes en tres grandes dimensiones (necesidades básicas, fundamentos de bienestar y oportunidades). Pese al crecimiento económico sostenido de los últimos años, nuestro país no ha sido capaz de mejorar la atención de las necesidades básicas, ni generar mayor bienestar u oportunidades, especialmente para los que afrontan mayores limitaciones, que son millones. Pero lo más crítico de esta evaluación se evidencia en la dimensión de “Necesidades básicas”, que comprenden nutrición, cuidado de la salud, agua, saneamiento, vivienda y seguridad personal, en el que hemos alcanzado el puesto 81. Como hemos enfatizado en reiteradas ocasiones, crecimiento económico no implica desarrollo; para esto último se requiere dotar de eficiencia al Estado, pese a que cada vez son mayores la disponibilidad de financiamiento.

Igualmente, hace poco en el Foro Económico Mundial se analizó el impacto de las nuevas tecnologías; entre ellas, la inteligencia artificial, la robótica, la cirugía de alta precisión. Se ha señalado que toda esta tecnología sustituirá significativamente a la mano de obra, especialmente a la menos calificada, que es la abunda en nuestro país, y donde el 73% de la población es informal. En el propio foro se ha señalado que la manera de afrontar el desarrollo tecnológico es generando una educación de alta calidad, pues incluso se habla de reentrenamiento de profesionales que hoy laboran en relación con esas tecnologías. Pero lo que menos preocupación parece generar en este Gobierno es la educación.

El bajo nivel que ocupa nuestra educación en los rankings internacionales evidencia su muy mala calidad. En este aspecto estamos lejos de países de la región como Chile y Colombia, y más alejados aún de los niveles de Singapur, Finlandia y otros. El futuro de nuestra educación no es promisorio, pues en la ruralidad —y en general en la sierra, la Amazonía y la periferia urbana— se evidencian cifras crecientes de anemia en nuestra niñez, lo que restringe aún más las capacidades cognoscitivas de nuestros niños y los condena a permanecer en el círculo vicioso de la pobreza y la pobreza extrema. Registramos como promedio nacional 43% de anemia, con mayor incidencia en la selva y la sierra, donde alcanza un inaceptable 52%, en los niños entre uno y cinco años. Esto implica que la mitad de nuestra fuerza de trabajo del futuro será condenada a empleos de muy baja calidad, manteniendo o incrementando los niveles de informalidad.

En relación a estos dos graves problemas —y otros como la salud, la mejora de la atención primaria, el fomento del empleo, la atención del friaje y las heladas, así como los escenarios de solución— no hemos leído nada de la lustrosa pluma de estos críticos, en un silencio cómplice con la ineficiencia de este Gobierno. Estamos en la obligación de exigir y poner estos importantes temas en la agenda nacional. Tengamos en cuenta que las otras reformas, como aquellas que propone el Poder Ejecutivo, sin dejar de ser importantes no generan movilidad social para los pobres, no curan, no alimentan, no abrigan, no generan empleo. ¡Reformas ya, pero de verdad!

 

Úrsula Letona
24 de septiembre del 2018

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