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¡Tropezón naranja!

Columna del director

¡Tropezón naranja!

27 de Marzo del 2017

El fujimorismo desconcertado en medio de desastres

Ante las lluvias y huaicos que destruyen las propiedades de miles de peruanos y la infraestructura del país comienza a notarse una desubicación política del fujimorismo, mientras la administración PPK recupera iniciativa y desarrolla una gran voluntad para la atención de la emergencia.

Hasta antes de los desastres naturales, el Gabinete Zavala respiraba con dificultad y el fujimorismo se había sentado a contemplar el espectáculo. Algo de eso parece estar cambiando. El proyecto de ley presentado por el movimiento naranja —que plantea prohibir que los sentenciados o investigados por corrupción ocupen cargos directivos en los medios de comunicación (miembros del directorio, accionistas, gerentes generales, editores o directores periodísticos) y la creación de una “veeduría ciudadana” a cargo del Ministerio de Transportes— representa un yerro inexplicable que termina desubicando al fujimorismo.

Si a este hecho le agregamos que Kenji Fujimori se ha convertido en el engreído de todos los medios antifujimoristas y en el principal opositor de las iniciativas naranjas, la cosa se complica. Kenji incluso tuiteó señalando que “la libertad de prensa es el frondoso árbol bajo el que se cobijan las demás libertades”. El hombre fue aplaudido por todos los medios antifujimoristas hasta rabiar.

El proyecto en mención debería ser retirado de inmediato, sobre todo porque la libertad de prensa es la madre de todas las libertades —en este portal lo hemos sostenido en repetidas ocasiones— y porque sin propiedad privada de medios no hay libertad de prensa. Allí donde no hay medios privados, es el Estado o la teocracia islámica el dueño de los medios. Pretender intervenir en la lógica interna de empresas privadas y plantear una veeduría es abrir un debate que no debería existir en una sociedad abierta.

Pero debería retirarse el proyecto también porque es hora de que el fujimorismo entienda que el antifujimorismo jamás levantará el veto sobre el movimiento naranja y siempre buscará cualquier error para arremeter. La religiosidad antifujimorista no solo es una opción política, sino una forma de vida que ha encontrado el establishment que se ha forjado en los últimos quince años, y también es el detergente de todos los pícaros que se erigen en defensores de la democracia. ¿Cómo entonces se puede alimentar a los leones con proyectos erráticos?

Si la religión antifujimorista tiene visos de fundamentalismo, entonces la única manera que tiene el fujimorismo para disolver la densidad del antifujimorismo es liderando el acuerdo nacional y convirtiéndose en la principal defensa de la actual República. Por ejemplo, ante las urgencias de la emergencia y la reconstrucción del país, el fujimorismo ya debería haber propuesto una propuesta de convergencia nacional al margen de la reacción del gobierno. Una conducta de ese tipo, más tarde, le permitiría liderar, con autoridad, las críticas ante las ineficiencias en la reconstrucción.

De otro lado el moscardón en la oreja en que empieza a convertirse Kenji se resuelve con más institucionalidad y más institucionalidad. Si el fujimorismo no evoluciona a transformarse en un partido —al margen del inner circle de los leales— con estructuras democráticas, con un estado mayor en el que la lideresa inclusive podría quedar en minoría, y con tolerancia de tendencias y corrientes, Kenji tendrá margen de maniobra para sus resentimientos fraternales.

Si el fujimorismo evoluciona a un partido democrático real, Kenji no existe como problema. ¿Por qué? No se puede negar que el fujimorismo actual tiene que ver con la herencia de los noventa, pero esa herencia solo existe con la oposición democrática naranja desarrollada en los últimos quince años y la continuidad del trabajo en las bases populares. Si las cosas son así, creer que Kenji tiene viabilidad es participar de la idea antifujimorista de que el fujimorismo solo se reduce a una herencia dinástica: es negarle a Keiko los méritos legítimos de haber organizado, al menos hasta ahora, a la primera fuerza política del país.

En todo caso el religioso antifujimorista sueña con la división de su infierno. El reto del movimiento naranja es convertir la ofensiva de esta barra del anti, que alienta a Kenji a disparar, en una oportunidad de organización del segundo partido popular del Perú (el primero fue el Apra). Veremos.

 

Víctor Andrés Ponce