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¿Se puede evitar el choque de poderes?

Columna del director

¿Se puede evitar el choque de poderes?

5 de Diciembre del 2016

Pepekausismo y fujimorismo incrementan polarización

Durante los días previos al voto de investidura del Gabinete Zavala y la delegación de facultades al Ejecutivo para legislar, en la administración PPK hubo un lógica: se abonaba a la confrontación y la tensión con el Congreso mientras se mantenía algún nivel de acercamiento con el fujimorismo. Si bien todos sabían que la mayoría legislativa no iba a negar la investidura ni la delegación, los “estrategas” palaciegos alimentaban una alianza mediática antifujimorista para organizar este escenario de artificial polarización.

Sin embargo, tal como lo dijimos, esa estrategia servía para el día siguiente o la semana, porque solo dependía de la popularidad gubernamental. Se estaban ignorando las reglas clásicas de la política vinculadas a los pactos y convergencias. Hoy, con la interpelación aprobada al ministro de Educación, Jaime Saavedra, ese jueguito con los medios antifujimoristas parece agotarse ante el primer choque de poderes que se avecina, luego de la reciente elección nacional.

El pepekausismo, encabezado por el propio PKK, y una mayoría mediática, ha desarrollado una campaña —pocas veces vista en la historia del Perú— de propaganda y antipropaganda que han reducido al mínimo las opciones para el fujimorismo. Así están las cosas.

Cualquiera que sabe de política intuye que si el fujimorismo acepta la lógica adversa, en la práctica, reconocería que es “autoritario”, “que está en contra de la reforma educativa”, “que defiende los intereses de las universidades basura” y que “es corrupto y mediocre”. Y cualquiera con experiencia política entenderá que si los naranjas aceptan esa lógica la mayoría legislativa dejaría de ser mayoría y renunciaría a la oposición. Y cualquiera también entenderá que ese es el camino de la fragmentación y la dispersión de la bancada naranja.

De allí que ante la adolescente reacción de PPK, quien señaló que iba a plantear la cuestión de confianza por la interpelación, el fujimorismo le haya respondido que “vaya buscando nuevo gabinete”. El choque es inminente entonces y quién no lo quiera ver no sabe de política o, en realidad, promueve la colisión de poderes.

Siempre es necesario entender que la polarización es el método de la guerra y el pacto es la herramienta principal de la democracia. La artificial polarización alimentada desde sectores del pepekausismo y el fujimorismo ha posibilitado que los extremos se consoliden. En la administración PPK el viejo entorno humalista ha adquirido protagonismo, mientras los portales frenteamplistas que sirvieron al nadinismo hoy vomitan fuego contra los naranjas, en defensa de Saavedra. En el fujimorismo ha surgido una tendencia que empieza a estar cómoda con las llamadas cuestiones de confianza, disoluciones del Legislativo y adelanto de elecciones, porque se cree que se puede ganar largamente. En otras palabras, todos empiezan a jugar con fuego.

Este escenario es un resultado que suma cero para el pepekausismo y el fujimorismo. El pepekausismo se convierte en una pompa de jabón, aleja las reformas del Perú y se encamina al fracaso. Y el fujimorismo nunca podrá escapar del fracaso pepekausista, porque la falta de reformas y la mediocridad gubernamental favorecen al antisistema el 2021. El futuro Trump no vendría por la derecha, sino por la izquierda.

En este contexto, ¿se puede evitar el choque de poderes? Quizá si la política se pone al mando. Las preguntas que cualquier político se formularía son: ¿Vale sacrificar el primer Gabinete de PPK por un ministro? ¿No hay reforma educativa sin Saavedra? ¿Qué reformas legales a “la reforma educativa” se pueden conceder a cambio de la permanencia de Saavedra? Y si las cosas no funcionan por esa ruta, ¿no es hora de emplazar públicamente para forzar una reunión cumbre entre PPK y Keiko Fujimori?

Por favor, señor Presidente y PCM (Fernando Zavala), en ninguna democracia del planeta se ha gobernado en contra de la mayoría legislativa. ¿O sí?

Por Víctor Andrés Ponce