Víctor Andrés Ponce

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Se acaba el tiempo para Fuerza Popular

¿Por qué no se decide a emprender reformas?

Se acaba el tiempo para Fuerza Popular
Víctor Andrés Ponce
29 de junio del 2018

 

Después de la renuncia de Kuczynski y la derrota de Kenji en el fujimorismo, Fuerza Popular —se puede decir— barrió con sus enemigos. Es más, incluso, resolvió a su favor la disputa histórica con el legado histórico de Alberto. Todo parece señalar que hoy el fujimorismo no pasará por la férula del patriarca de los noventa. Algo más: después de la aprobación de la Ley Mulder —que prohíbe la publicidad estatal en los medios privados— el fuerzapopularismo clavó banderillas en la coalición mediática encabezada por el diario La República y, por más declaratoria de inconstitucionalidad del TC, es evidente que el subsidio estatal a ciertas redacciones se ha terminado para siempre.

Hasta la renuncia de PPK, Fuerza Popular siempre estuvo en guerra, enfrentando los allanamientos de sus locales partidarios, el intento de judicializar al fuerzapopularismo y las pretensiones de encarcelar a su lideresa. Pero esa guerra ha terminado. Los fiscales politizados es posible que no encuentren eco en el Poder Judicial porque el Ejecutivo ya no está en esa lógica. En este contexto, la pregunta que surge es, ¿para que Fuerza Popular ganó todas las guerras que libró?

Una primera respuesta evidente es para sobrevivir como organización; es decir, para levantar el veto que el nadinismo organizó y que se expresó en la última elección nacional. Quizá ese objetivo de permanecer en el sistema político también se exprese en la frenética vuelta a bases de cara a las elecciones regionales. Sin embargo, y más allá de buenos o malos resultados en las justas subnacionales, las guerras libradas por Fuerza Popular han terminado desgastando a esta organización.

A medida que avance el cronograma institucional, en Fuerza Popular se convencerán de que después de haber encabezado dos procesos de vacancia y haber tenido mucho que ver con la renuncia de Kuczynski (que solo se explica por Westfield), es casi imposible pisar el acelerador opositor. Al haber ganado todas las guerras, al haber sometido a todos sus adversarios, Fuerza Popular está maniatada para ejercer oposición. Su protagonismo en el Gobierno dividido que surgió en la última elección nacional se ha acrecentado más de lo imaginado.

En este contexto, la gente se preguntará, ¿para qué Fuerza Popular ganó tantas guerras? Si la respuesta es solo para llegar al poder, el fuerzapopularismo no llegará, porque el electorado no lo perdonará. Si en cambio Fuerza Popular convierte sus victorias en proceso de transformación del país, la gente entenderá que, a veces, la guerra se justifica cuando una fuerza pretende sobrevivir para transformar.

A estas alturas, el fuerzapopularismo no parece interesado en liderar las grandes reformas urgentes que necesita el país. Aparece demasiado cómodo solo ajustando las clavijas de sus adversarios dentro y fuera del Congreso, mientras los populismos y los mercantilismos comienzan a teñir la mayoría de las iniciativas legislativas.

Si en Fuerza Popular se entendiera el papel en la nueva correlación política que el fuerzapopularismo ha gestado, se debería, en el acto, nombrar un gabinete a la sombra y empezar a observar las cosas con mirada de gobierno. Por ejemplo, ¿cómo es posible que el Gabinete Villanueva se nombre a un ministro de Trabajo claramente anti inversión? Y Fuerza Popular debería, además, poner en movimiento toda la maquinaria de guerra —que movilizó en la lucha por sobrevivir— para emprender algunas reformas que no avanzan por el protagonismo de la izquierda antisistema. Por ejemplo, el tema de la reforma laboral. ¿Por qué el fuerzapopularismo —que le ha ganado a PPK, a Alberto y a Kenji— no le puede ganar a la izquierda en un tema tan urgente? Es más, con una posición de ese tipo el fuerzapopularismo volvería a representar a los emergentes que buscan desregular los mercados para formalizarse.

En cualquier caso, el tiempo se acaba para Fuerza Popular. Si desde el Congreso no se decide a transformar el país, ante el electorado solo quedará como una fuerza política que ganó todas las guerras para tomar el poder por el poder. Y allí el antifujimorismo habrá ganado y el poder será esquivo.

 

Víctor Andrés Ponce
29 de junio del 2018

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