Víctor Andrés Ponce

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Reunión en Palacio y fragmentación del Perú

La falta de acuerdo y las tendencias a la entropía social

Reunión en Palacio y fragmentación del Perú
Víctor Andrés Ponce
12 de julio del 2017

La falta de acuerdo y las tendencias a la entropía social

La reunión entre PPK y Keiko ayer en Palacio es una imagen que expresa una tendencia absolutamente contraria a las tendencias disgregadoras y disolventes que parecen imponerse en la sociedad, la economía y la política en el Perú. Plantear una hipótesis de este tipo no es cualquier cosa, porque si se confirmara como válida, las relaciones entre el oficialismo y la oposición, en la práctica, definirán el futuro de la sociedad.

Si observamos el nivel de la informalidad del país, el surgimiento de territorios liberados de la autoridad estatal en el campo y la ciudad, la caída de la inversión privada y la pública, el desborde de la ola criminal que crecientemente se apodera de las calles, la posible escisión del Partido Aprista, la fractura del Frente Amplio y la barra brava del antifujimorismo que alienta a Kenji Fujimori a enfrentarse a Fuerza Popular, cualquiera podría señalar que las tendencias a la fragmentación, a la entropía, comienzan a imponerse en la sociedad peruana. Al lado de estos datos de nuestra realidad aparece la imagen del líder del oficialismo y la lideresa de la oposición intentando armar una convergencia.

No es descabellado sostener que las tendencias disolventes comienzan a apoderarse de la sociedad peruana porque el pepekausismo y el fujimorismo no logran ponerse de acuerdo para organizar la gobernabilidad. ¿Por qué? El Perú ha llegado a un momento en el que no puede seguir adelante si es que no desarrolla reformas profundas, las llamadas reformas de segunda generación. Algo así es absolutamente imposible sin un acuerdo Ejecutivo - Legislativo, sin un respaldo político mínimo. Si el Perú no crece y deja de reducir pobreza, en el acto comienza a desorganizarse, empieza a disolver todos los fundamentos que, en las últimas décadas, le permitieron construir quizá uno de los mejores momentos de su historia.

¿Por qué habría de ser de otra manera? Nuestra sociedad ha experimentado una revolución capitalista que ha triplicado el PBI, ha reducido la pobreza a un quinto de la población y ha expandido a las clases medias como nunca. Ante la imposibilidad de seguir creciendo como antes, las nuevas clases medias —los pobres de ayer— se desesperan por la precariedad del nuevo bienestar, y en las elecciones del 2006, del 2011 y del 2016 comenzaron a respaldar crecientemente a las fuerzas anticapitalistas.

De otro lado, sin reformas del Estado, laborales e institucionales, la sociedad empieza a desbordar al viejo Estado, tal como lo hizo antes de los noventa. La informalidad empieza a crecer a niveles que todavía no se cuantifican. Los avances en formalización de los noventa retroceden frente a la horrible realidad que contemplamos en el incendio de Las Malvinas.

Pero eso no es todo. Si dos fuerzas prosistema, promercado, una en el Ejecutivo y otra en el Legislativo, no se ponen de acuerdo para enfrentar la amenaza antisistema en el 2021, entonces la política y el espacio público se han vaciado de contenidos programáticos e ideológicos. En la polarización, la política se vuelve sinónimo de faccionalismo, la capilla pasa a ser más importante que el programa y la identidad e, incluso el partido aprista —el partido por excelencia del siglo pasado— amenaza con quebrarse. La izquierda vuelve a volar en pedazos y el antifujimorismo simplón, irreflexivo, sueña con que las travesuras de Kenji terminen por fracturar Fuerza Popular. En el Perú las instituciones se disuelven, todo se vuelve líquido, y surge el país de la facción.

Parece evidente, pues, que la posibilidad de armar la convergencia entre pepekausas y fujimoristas, más allá de los papeles entre oficialismo y oposición, es una verdadera encrucijada para el Perú. Empecemos a reflexionar.

 

Víctor Andrés Ponce

Fotografía: La República

Víctor Andrés Ponce
12 de julio del 2017

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