Víctor Andrés Ponce

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Reflexiones hacia el 2021

Reflexiones hacia el 2021
Víctor Andrés Ponce
10 de mayo del 2017

Escenarios ante la polarización extrema

Entender el actual nivel de polarización entre el Ejecutivo y el Congreso es complicado desde la simple racionalidad, sobre todo considerando que en el gobierno de Kuczynski se empieza a superar con creces el nivel de enfrentamiento que hubo durante el nacionalismo. No sería nada extraño que, en los próximos días —en menos de un año—, las enrarecidas relaciones entre los poderes constitucionales sumen dos ministros censurados.

Pretender explicar la situación atribuyéndole al fujimorismo todos los pecados capitales es seguir echando combustible a la polarización. Como todos sabemos para el matrimonio o el divorcio siempre cuenta la voluntad de dos.

Sin embargo, ¿por qué para algunos parece tan sencillo, tan útil, alimentar la polarización entre pepekausas y fujimoristas? La respuesta es simple: si tuviéramos que explicar la política desde una posición reduccionista no sería arbitrario señalar que el antifujimorismo —exceptuando el gobierno aprista— gobernó en los últimos quince años. Finalmente, Alejandro Toledo y Ollanta Humala fueron auténticas deidades del antifujimorismo.

El antifujimorismo entonces se ha convertido en una ideología para el establishment de funcionarios, asesores y consultores que han prosperado en el Estado. Si tuviésemos que analizar, por ejemplo, el porqué la administración pepekausa empieza a correr sobre las olas de la polaridad fujimorismo versus antifujimorismo, sería fácil constatar la presencia de los mismos actores que han protagonizado los guiones de Toledo y Humala. No hay que hacer mucho esfuerzo.

No hay nada censurable en esa situación. Sin embargo el gran problema es que esa polaridad ha escondido o quizá envuelto otra polaridad que, tarde o temprano, se convertirá en determinante si no se desarrollan las reformas de segunda generación que alejen al Perú de la temida trampa de ingresos medios que ralentiza el crecimiento, aumenta la pobreza y genera todas las condiciones a favor del antisistema.

En las elecciones del 2006, del 2011 y del 2016, de una u otra manera, colisionaron las propuestas prosistema y antistema, más allá de que la polaridad fujimorismo versus antifujimorismo se impusiera en las últimas dos elecciones. El 2006 Alan García ganó por representar la opción prosistema y el 2011 Humala y el 2016 PPK triunfaron por representar la envoltura antifujimorista.

El antifujimorismo es irresponsable porque cree que el 2021 otra vez volverá a imponerse el anti, a menos que realmente se busque que el país se bloquee por la falta de reformas y se organice un espacio a favor del antisistema. Como el antifujimorismo es un mundo ancho y ajeno en el que pululan desde izquierdistas estatistas hasta liberales apasionados, estas reflexiones valen quizá para los amigos que defienden las libertades políticas y económicas.

En tres elecciones nacionales sucesivas el país se ha salvado de la alternativa antisistema. Sin embargo parece muy difícil que en la siguiente elección las cosas sean favorables si es que no hay reformas de fondo. Y la única manera de desarrollar cambios profundos es mediante un entendimiento entre pepekausistas y fujimoristas; una posibilidad que los antifujimoristas tratan de evitar a toda costa, ya sea inventando otras envolturas, como los temas de género y la reforma electoral, hasta los intentos de criminalizar al minero informal.

Si no hay acuerdos para desarrollar reformas de fondo, quizá la única posibilidad de defender el sistema pase porque el fujimorismo acentúe su perfil opositor y evite que las propuestas antisistema expresen el descontento de las mayorías. Algo así como un “fujimorismo trumpanizado”.

El antifujimorista habrá salvados sus cinco años en el Estado pero habrá puesto al Perú al borde del abismo. En otras palabras, habrá tratado a la República como un huachito de la vieja lotería.

 

Víctor Andrés Ponce

Víctor Andrés Ponce
10 de mayo del 2017

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