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Reconstrucción y acuerdo nacional

Columna del director

Reconstrucción y acuerdo nacional

31 de Marzo del 2017

¿Seguirán los yerros políticos pepekausas?

Hasta antes de los desastres naturales al Gabinete Zavala le iba pésimo, y la mayoría de observadores comenzaba a señalar que había llegado la hora de los cambios parciales. O quizá del cambio total, si el propio Fernando Zavala, presidente del Consejo de Ministros, no encabeza las modificaciones ministeriales. En ese contexto, el fujimorismo estaba sentado en la platea, sin mover una ceja, observando y cosechando.

Sin embargo después de los huaicos y lluvias, que han afectado la propiedad de miles de peruanos y la infraestructura nacional, la administración PPK se tomó un nuevo aire, desarrolló una gran voluntad durante la emergencia y se reubicó políticamente. Mientras que el fujimorismo se desconcertó e, incapaz de liderar una convergencia nacional para la reconstrucción, se tropezó con un inexplicable proyecto de ley sobre la prensa.

Uno de los grandes problemas de este desenlace parcial es que en el Gabinete Zavala no se haya entendido el porqué las cosas iban de mal en peor antes de los desastres naturales. Tan terribles iban las cosas que el caso Lava Jato terminó de enfriar la economía y, de pronto, un gobierno proempresarial, de derecha, empezaba a generar todos los desánimos en la economía, la sociedad y la seguridad ciudadana.

A entender del suscrito, una de las explicaciones es que el Gabinete Zavala quiso mantener sus alianzas políticas de la segunda vuelta, sobre todo con los medios de comunicación. A partir de allí se consideró que la política se armaba con periodicazos; luego se produjo la censura de Saavedra, se agravaron las ineficiencias en seguridad ciudadana, y la popularidad gubernamental rodó cuesta abajo. Por negarse a una política diferente de la segunda vuelta, en el Gabinete Zavala se escuchó al antifujimorismo radical y se renunció a la principal responsabilidad política: desarrollar una voluntad de convergencia, de acuerdo político, sobre todo con el fujimorismo.

Hoy el Gabinete Zavala tiene más oxígeno, pero podría pisar una cáscara de plátano si considera que la atención de la emergencia y la reconstrucción del país es un espacio con el oficialismo como único protagonista. Tremendo error.

El Ejecutivo en el Perú concentra la iniciativa política —según la Constitución— y la ausencia de un acuerdo nacional siempre será su responsabilidad principal. En otras palabras, el jefe de Estado tiene todas las herramientas institucionales y políticas para desarrollar acuerdos. Si la administración PPK se ensoberbece —si continúa jugando a mantener el aparato nadinista antifujimorista encaramado en la PCM y se resiste a convocar a la oposición (sobre todo al fujimorismo) al proceso de reconstrucción— todos perderemos, pero más el pepekausismo.

Todos perderemos porque la reconstrucción puede convertirse en un escenario de la lucha política antes que un territorio de la gestión que solo puede existir si es que hay acuerdos mínimos. Siempre hay que considerar que el Gabinete Zavala es una suma de tecnócratas y políticos individuales, sin nexos con la sociedad, sin siquiera relaciones propias con los gobiernos regionales y locales, a excepción de las amistades que cultiva el vicepresidente Martín Vizcarra. Las demandas y urgencias se acumularán frente un Estado andrajoso, lleno de ineficiencias. Sin convergencias mínimas, las tentaciones opositoras para liderar la crítica ácida se multiplicarán.

La democracia y el mercado solo avanzan con los fracasos, porque sirven para corregir y entender las claves del éxito. El gran problema de la administración PPK es que no ha extraído las lecciones del gobierno antes de los desastres naturales, que se había convertido en una suma de yerros difíciles de entender. El Gabinete Zavala fue salvado por la campana que vino en forma de lluvias y huaicos.

 

Víctor Andrés Ponce