Víctor Andrés Ponce

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Presidente, hay tiempo todavía

Las encrucijadas de Martín Vizcarra

Presidente, hay tiempo todavía
Víctor Andrés Ponce
04 de julio del 2018

 

El presidente Martín Vizcarra debe estar algo preocupado por la evidente caída de su aprobación en la ciudadanía. Seguramente los observadores y analistas abundarán en detalles para buscar explicaciones. Algunos señalarán que hubo obsecuencia con la mayoría legislativa, mientras que otros anotarán que el Ejecutivo comenzó a desmarcarse muy tarde del Legislativo y que por allí vienen las facturas a pagar.

Sin embargo, existe otra interpretación que no pasa por los humores y guerras que se escenifican en la gran media, sino por las expectativas que se acumularon en la democracia peruana luego de que esta enfrentara la peor crisis de gobernabilidad de los últimos 18 años, en medio de cruentos enfrentamientos Ejecutivo-Legislativo, la disyuntiva de vacancia o disolución y la ralentización del crecimiento económico (se aumentó pobreza en 1% en el 2017). Quizá se podría decir que la gente esperaba que Vizcarra gobernara produciendo cambios fundamentales y evitando administrar la crisis, tal como viene sucediendo.

El gobierno de Vizcarra es sinónimo de equilibrio, de pretender satisfacer a los cielos e infiernos. Durante la gestión del ministro David Tuesta asomó, por ejemplo, una legítima preocupación por cerrar el déficit que impulsó a hacer ciertos cambios tributarios, pero una presión de transportistas puso en entredicho las medidas y Tuesta renunció. El Ejecutivo desistió de firmar cinco contratos petroleros por presiones de los pescadores y, cuando parecía decidido a ampliar la vigencia de la Ley de Promoción Agraria, las contradicciones del Gabinete bloquearon todo. Si a esto le sumamos la publicación de los octógonos anti industriales para las etiquetas de los alimentos procesados, la imagen del Ejecutivo se empieza a dibujar: falta de autoridad y ausencia coherencia económica.

Algo más. El jefe de Estado se ha dedicado a visitar las regiones y provincias, pero no aparece liderando a los gobiernos regionales o locales para reconstruir el norte; tampoco en la urgente movilización estatal para enfrentar el friaje que afecta a pobres, niños y ancianos de los Andes, y que ya ha causado 600 muertos. En otras palabras, la presencia física no sustituye al imprescindible director de orquesta estatal que necesita el país. Todos estos ingredientes, a entender del suscrito, explican la situación de Vizcarra y del Ejecutivo en la aprobación ciudadana.

En este contexto, el Ejecutivo debería recuperar la iniciativa política. ¿Cómo? En una administración no puede haber iniciativa sin coherencia económica. No puede ser que exista un ala ministerial proinversión y otra claramente anti inversión en el Gobierno, cuando se necesita relanzar la inversión privada para evitar que la pobreza aumente. De otro lado, sobre la base de la coherencia económica la administración debería recuperar el principio de autoridad y evitar que las presiones sociales afecten la gobernabilidad y que lo lleven a revisar políticas tributarias, contratos y anular posibilidades de inversión.

Asimismo el presidente debería convertirse en el movilizador del Estado alrededor de la reconstrucción del norte y la urgencia de enfrentar las heladas en la sierra. El Ejecutivo liderando a las regiones y los municipios es una imagen poderosa.

Si el Ejecutivo recupera la iniciativa política estará en condiciones de plantearle al Congreso, a la mayoría legislativa y los demás actores políticos, tres o cuatro reformas mínimas y un plan de acción estatal. Si no lo hace estará desperdiciando una inmejorable oportunidad, dado que el fuerzapopularismo —luego de haber impulsados dos procesos de vacancia— casi está en la obligación de apoyar a la nueva administración. Fuerza Popular no parece dispuesta a emprender reformas para evitar el desgaste adicional que ellas le podrían acarrear; sin embargo, parece esperar que el Ejecutivo dé el primer paso, por ejemplo, en la ampliación de la vigencia de la ley de Promoción Agraria. ¿Qué esperamos?

 

Víctor Andrés Ponce
04 de julio del 2018

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