Víctor Andrés Ponce

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Partidos y capitalismo

¿Vizcarra se compra otro argumento de la izquierda?

Partidos y capitalismo
Víctor Andrés Ponce
01 de agosto del 2018

 

Imaginemos que las empresas privadas o la burguesía (según el recetario marxista) no financiaran a los partidos. ¿Qué entidad solventaría a los príncipes modernos? ¿El Estado? ¿Las economías ilegales? Si solo fuese el Estado, entonces el sistema estaría a merced de un Leviatán que podría ser capturado por un autócrata, y adiós democracia. Si no fuese el Estado ni el sector privado, ¿acaso serían los ciudadanos? Posiblemente algunos, pero es evidente que las economías ilegales fraccionarían sus aportes en unidades de UIT —a través de personas naturales— para apoderarse del Estado y la sociedad.

Cualquiera sea la fórmula para el financiamiento de los partidos —mixto o estrictamente privado—, desterrar el aporte de las empresas es enterrar la democracia. La prueba de ello es que en las democracias más longevas —Estados Unidos y el Reino Unido— el aporte de las empresas es abierto, bancarizado y transparente. Como es transparente, todos sabemos qué grupo o parlamentario deberán inhibirse en un eventual conflicto de intereses.

Sin embargo, el presidente Vizcarra parece haberse dejado influenciar por el argumento anticapitalista, de corte chavista, que nos señala que la transparencia en democracia pasa por eliminar el aporte de las empresas privadas. Algo de eso existe en el extraño cóctel planteado alrededor de la no reelección de congresistas, bicameralidad y el aporte a los privados a la política, que se plantearía en un posible referéndum. Más allá de que plantear no reelección de congresistas y bicameralidad represente un enorme oxímoron (¿quiénes entrarían al Senado), la clase política democrática y promercado debería entender que la izquierda ha lanzado una feroz ofensiva para desterrar el financiamiento privado de la política y las campañas electorales. El objetivo: igualar las propuestas procapitalistas con las anticapitalistas, como si fuese posible imaginar la democracia y las libertades al margen del mercado. ¿Qué sociedad abierta existe sin capitalismo? Ninguna.

La campaña para desterrar el aporte privado de la política parte del caso Lava Jato, que ha afectado prácticamente a todos los políticos. ¿Por qué la corrupción brasileña hizo metástasis en el Perú? Es evidente que la naturaleza de la clase política tiene mucho que ver; sin embargo, la falta de transparencia en los aportes y la nula exigencia de bancarización en los fondos tiene mucho que ver. Con transparencia, ¿cómo se hubiesen explicado a los aportes a Ollanta Humala y PPK, y los contratos posteriores en el Estado? A lo mejor no hubiese sido posible y ambos hoy estarían descansando.

La estrategia de la izquierda para desterrar el aporte privado de la política tiene en el intento de judicializar a más de 200 dirigentes empresariales su pico más alto. El motivo: haber aportado a una campaña de la Confiep para defender el régimen económico de la Constitución, amenazado por programa de la Gran Transformación de Humala. Los aportes fueron bancarizados y contaron con el respectivo certificado de donación. Sin embargo, se pretende judicializar a esos empresarios con el claro objetivo de que nunca más se atrevan a defender la economía de mercado. Algo que los empresarios hacen sin ningún obstáculo en Estados Unidos, en Occidente y en todas las sociedades abiertas.

Mientras esta ofensiva contra el aporte privado a la política se produce, un Gran Hermano que financian las ONG periodísticas, de Derechos Humanos, antimineras y de enfoque de género, empieza a atacar a diestra y siniestra con el objeto de paralizar la producción de cobre en el Perú y ganar millones con la especulación del metal rojo.

¿A qué viene esto? Todas las fuerzas democráticas y promercado deberían reaccionar contra esta ofensiva claramente anticapitalista en la política y reformar la legislación electoral y las formas de aportes de las empresas para perfeccionar nuestra democracia. Transparencia, bancarización y control parecen ser las fórmulas.

La izquierda y sus ONG suelen hablar de los intereses empresariales que influyen en lo público, recogiendo el recetario marxista. Habría que recordar que en la sociedad moderna todos tienen intereses (excepto la divinidad y los ángeles), pero hay intereses que sirven al Gran Hermano y otros que apuestan por las libertades, el crecimiento y la reducción de pobreza. A elegir, pues.

 

Víctor Andrés Ponce
01 de agosto del 2018

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