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¿Nuevo choque de poderes?

Columna del director

¿Nuevo choque de poderes?

8 de Mayo del 2017

Posibles interpelaciones a Vizcarra y Basombrío

Luego de que el gobierno manoseara innecesariamente el tema del indulto a Alberto Fujimori y después de una incomprensible voluntad de ningunear a Fuerza Popular y Keiko Fujimori (las explicaciones pertenecen a psicología antes que a la política), en el Congreso se ponían sobre la mesa dos posibles interpelaciones: al vicepresidente Martín Vizcarra, por el caso Chinchero; y al ministro del Interior, Carlos Basombrío, por la marcha del Movadef. Los anuncios naranjas vinieron con lenguaje frontal, casi virulento. El fujimorismo mostraba los bíceps.

Es evidente que motivos para interpelar a Vizcarra por el caso Chinchero más que sobran. Lo mismo se puede decir para la gestión de Basombrío: en el Perú no existe patrullaje, más allá de que las direcciones especializadas de la policía sigan apresando bandas de avezados criminales. Y no existe patrullaje porque entre Basombrío y la policía existe un abismo. Allí están las públicas diferencias entre el titular del sector y el director de la policía. Es decir, Basombrío es totalmente interpelable. Pero, ¿la súbita voluntad política de control político del Legislativo solo se explica por errores ministeriales? Es evidente que no.

Para entender las cosas hay ponerse en el lugar del otro. En el Perú existe una coalición mediática que se ha unificado alrededor del antifujimorismo. Esta coalición pretende vetar políticamente a la mayoría legislativa y convertirla en una mayoría decorativa. Según la alucinada idea de algunos medios, el fujimorismo debería bailar con la música de la portada y la entrevista en TV. En medio de esta absurda y polarizada situación el gobierno hizo el amague de negociar con el albertismo y ningunear a Fuerza Popular.

Es decir, el Ejecutivo asumió la estrategia de veto, e incluso —como un adolescente descontrolado— parecía apostar a la división de la bancada naranja. Por favor, contengamos la respiración, cerremos los ojos y preguntémonos, ¿qué haría cualquier mayoría legislativa en cualquier democracia del mundo ante una situación de este tipo? Pues defenderse y mostrar el músculo para preservar la unidad. ¿0 no? De lo contrario aceptaría el veto y empezaría la disgregación de la bancada.

En otras palabras, la aproximación que pretendemos plantear es que la estrategia del antifujimorismo está obligando a la bancada naranja a mostrar la musculatura. Vuelve a presentarse el mismo libreto de la pasada censura de Jaime Saavedra: cuando el jefe de Estado planteó la posibilidad de la cuestión de confianza definió el futuro del ex ministro de Educación. El fujimorismo se enfrentó a la disyuntiva de aceptar el veto o censurar. Como cualquier partido que busca mantenerse optó por la segunda opción.

¿A qué viene todo esto? Lo que pretendemos señalar es que en la actual polarización existen responsabilidades del pepekausismo y el fujimorismo, pero a estas alturas los principales pecados comienzan a provenir de Palacio. Una situación totalmente surrealista, considerando que ambas fuerzas representan opciones promercado y, sobre todo, que la administración PPK es la que más necesita de un entendimiento con el fujimorismo para desarrollar reformas de segunda generación y evitar un gobierno fallido en la administración de la crisis.

En todo caso, aquí algunas preguntas para intentar entender al otro. ¿Es posible la democracia desarrollando una estrategia de veto contra una mayoría legislativa? ¿En qué democracia del mundo —ya sea presidencialista o parlamentaria— se ha gobernado en contra de la mayoría legislativa? Las respuestas son como una cordillera que nos negamos a ver.

Luego del manoseo del indulto y el ninguneo de Fuerza Popular solo existe una posibilidad para cambiar el curso de un nuevo choque entre el Ejecutivo y el Legislativo: que el presidente Kuczynski convoque públicamente a Keiko Fujimori a una reunión cumbre para organizar la gobernabilidad. No hay otra salida.

 

Víctor Andrés Ponce