Víctor Andrés Ponce

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Nadinismo sin Nadine Heredia

La frívola estrategia de la izquierda caviar

Nadinismo sin Nadine Heredia
Víctor Andrés Ponce
15 de noviembre del 2017

Una pregunta que se formulan los peruanos de buena voluntad es cómo se ha llegado a los extremos actuales de judicialización de la política peruana. En base a simples trascendidos se sostiene que Marcelo Odebrecht ha señalado vínculos de la constructora brasileña con el presidente Kuczynski; en base a las mismas versiones se asevera que el magnate brasileño habría señalado que Odebrecht financió la campaña de Keiko Fujimori. Buscando entregar el vuelto, el fujimorismo prepara una querella judicial contra un medio conocido sin que le tiemble la mano.

Unas semanas antes, un sector de fiscales había decidido investigar preliminarmente por “crimen organizado” y por 36 meses —es decir, hasta el 2021— a Fuerza Popular y Keiko Fujimori, mientras se multiplican las acusaciones contra el Fiscal de la Nación, Pablo Sánchez, y aumentan las investigaciones parlamentarias en contra de los fiscales que indagan en el caso Lava Jato. De otro lado, cuatro magistrados del Tribunal Constitucional (TC) solo esperan el momento en que el Congreso los inhabilite por prevaricato en el caso El Frontón.

El antifujimorismo y la izquierda caviar tiene una explicación de este desmadre institucional: el fujimorismo está reeditando los reflejos autoritarios de los noventa. Si bien es verdad que existe una sobrerreacción del fujimorismo —sobre todo en el caso de los misiles en contra del jefe de Estado— resulta incuestionable que las cosas empezaron a descontrolarse con la voluntad de la izquierda de seguir mangoneando instituciones tutelares de la democracia. En el caso de los magistrados del TC —que violaron la cosa juzgada en el caso El Frontón y cambiaron un voto a favor y lo convirtieron en uno en contra— y la facilidad casi adolescente con que un sector de fiscales pretende judicializar la candidatura de Fuerza Popular está, a nuestro entender, la madre del cordero.

El antifujimorismo y la llamada izquierda caviar pretende reeditar —como si nada hubiese pasado en las elecciones del 2016— el software nadinista con el que la Megacomisión Tejada demonizó a Alan García, acusándolo de haber otorgado 5,000 narcoindultos. Al final, el Poder Judicial solo judicializó 16 casos y formuló sentencia en base a uno. Sin embargo García fue destruido políticamente. Al parecer, el fujimorismo ha decidido desarrollar todas las guerras del fin del mundo para evitar que el software nadinista vuelva a entrar en funcionamiento. De allí ese blitzkrieg que apunta en contra de todas las cañoneras antifujimoristas.

Ahora bien, la anticampaña electoral de varios años que desarrolló la Megacomisión Tejada solo puede funcionar con una media con escasa independencia del poder estatal. Y, efectivamente, durante el nadinismo el Estado llegó a convertirse en el principal anunciante de los medios de comunicación. Si bien los medios continuaban en manos privadas, la publicidad estatal homogeneizó y estatizó la información de la media, y la estrategia de demoler a Alan fue posible y efectiva. Hoy las cosas siguen igual y allí también está otra madre del cordero.

Una fuente fujimorista (decimos “fuente” porque no estamos comprometiendo el honor y reputación de nadie) nos señala: si los abogados de Keiko no hubieran estado en la diligencia con Odebrecht, la intención de judicializar a la lideresa de Fuerza Popular, en base a una combinación de trascendidos y medios, habría llevado a ordenar su detención, tal como lo exigían los periodistas nadinistas. Si eso fuese posible, entonces, algo muy grave habría sucedido en la democracia peruana.

En todo caso la extrema judicialización del rival opositor, la ausencia de independencia de los medios frente al Gobierno de turno y el mangoneo de entidades tutelares del sistema de justicia están entre los principales componentes del software que la llamada izquierda caviar, algunos sectores del pepekausismo, y en general el vasto universo del antifujimorismo cree todavía posible implementar en contra de una mayoría legislativa abrumadora. Si las cosas continúan así, la democracia está bloqueada y la mesa servida para el antisistema. En otras palabras, estaríamos padeciendo del peor nadinismo sin Nadine Heredia.

Víctor Andrés Ponce
15 de noviembre del 2017

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