Víctor Andrés Ponce

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Los retos sociales del Gabinete Aráoz

Los retos sociales del Gabinete Aráoz
Víctor Andrés Ponce
03 de noviembre del 2017

En el norte y en el sur se fermenta descontento social

 

La renuncia de Pablo de la Flor a la Autoridad de Reconstrucción con Cambios (ARC) y los retrasos en la rehabilitación y la reconstrucción revelan que las cosas no avanzan en el norte a la velocidad adecuada. Y la posibilidad del fracaso es inminente porque el Estado peruano comienza a mostrar las costuras de la apurada regionalización. Ni el Ejecutivo, ni los gobiernos regionales, ni los municipios parecen capaces de imponer una lógica diferente. En este escenario, para nadie es un secreto que el Ejecutivo comienza a acumular un conflicto social de consecuencias inesperadas.

Si a este hecho le sumamos que la izquierda antisistema ha concentrado todos sus esfuerzos políticos en la macrorregión del sur, con el objeto de detener la producción minera del llamado Corredor Minero del Sur —que reúne más del 50% de la producción de cobre— y también para intentar radicalizar la protesta de los mineros artesanales, que han convocado una protesta para este 6 de noviembre, entonces es evidente que el Gobierno pepekausa enfrentará más de una crisis.

En este contexto quizá la única noticia positiva es que el nuevo ministro de Educación, Idel Vexler, ha logrado desarmar la ofensiva del radicalismo magisterial que había convocado a un paro nacional para el pasado 25 de octubre. La medida de protesta fue un rotundo fracaso y la estrategia de diálogo directo del sector Educación logró afirmar la autoridad del Estado con respecto a la política meritocrática en la escuela pública.

Ahora bien, ¿cómo se puede entender que el Ejecutivo comience a acumular posibles conflictos sociales que, incuestionablemente, pueden ser evitados? Aquí solo hay una respuesta: la polarización Ejecutivo - Legislativo que se desarrolló durante el primer año del Gabinete Zavala ha terminado desarmando al Estado frente a la prevención de conflictos. Pero no solo se trata del Ejecutivo. La confrontación posibilitó la emboscada parlamentaria del Frente Amplio y la izquierda antisistema, que lograron hacer pasar normas como, por ejemplo, la ley de cabeceras de cuencas, que establece la posibilidad de prohibir inversiones mineras por encima de los 3,000 metros sobre el nivel del mar.

En el caso de la renuncia de De la Flor las cosas parecen vinculadas a una autoprofecía cumplida. En el Gabinete Zavala se consideró que la política se reducía a una alianza con una coalición mediática y, por disputas internas, se nombró a un técnico de enorme valía (que ha desarrollado impecables lineamientos técnicos para la reconstrucción), pero que no estaba empoderado políticamente por el presidente y por el Gabinete. Al final, diversas interpretaciones señalaban que todos pretendían el fracaso de De la Flor para que el jefe de Estado o los ministros representen políticamente la reconstrucción.

¿Por qué el propio Zavala no lideró la reconstrucción o se nombró a un ministro como Martín Vizcarra, viejo zorro en la relación con los gobiernos regionales? Es evidente que el Gabinete Zavala estaba tomado por la polarización con el Legislativo y las disputas internas, y se consideraba que la gobernabilidad pasaba por una alianza mediática. Hoy el polvo que se levanta en las calles de Piura es uno de los peores pasivos del Gabinete Aráoz.

En el caso del Corredor Minero del Sur no solo el Estado ha abandonado sus responsabilidades con las minas Constancia, Las Bambas y Antapaccay, sino que los fiscales y los jueces no están dispuestos a aplicar la ley frente a los bloqueos y la violencia que se ejerce contra la producción minera. Pero eso no es todo. Los policías se han replegado a sus comisarías porque perciben que no tienen respaldo político del Ejecutivo luego del incidente en Las Bambas en el 2016, en el que el titular —Carlos Basombrío— le cargó todas las responsabilidades a dos coroneles.

Es incuestionable, pues, que el Gabinete Aráoz tiene que desarrollar un giro de 180 grados para superar la polarización con el Legislativo y evitar las distracciones y el humo que alejan a los ministros de las tareas de gobernabilidad. Un ejemplo simple: la huelga nacional de los mineros artesanales se desactiva derogando el decreto que abre la posibilidad de encauzarlos como parte de los delitos de crimen organizado. A veces gobernar es demasiado simple, solo hay que mirar las cosas desde abajo hacia arriba.

 

Víctor Andrés Ponce

Víctor Andrés Ponce
03 de noviembre del 2017

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