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Los diversos rostros del fujimorismo

Columna del director

Los diversos rostros del fujimorismo

16 de Agosto del 2017

Reflexiones sobre la conducta de la mayoría legislativa

Han empezado a surgir voces de diversos sectores y personalidades que, de una u otra manera, le solicitan a Keiko Fujimori que abandone el mutismo que ha caracterizado su conducta en el primer año de la administración PPK y que asuma un papel más protagónico en el perfil opositor. Sin embargo, considerando que la oposición fujimorista hoy es una abrumadora mayoría legislativa, un mayor protagonismo de la lideresa de la oposición, ¿acaso inevitablemente no llevaría a endurecer el filo opositor de los naranjas, tal como sucedió —por ejemplo— en el caso de las procuradoras? Es evidente que sí.

Mayores pronunciamientos obligarían mayores endurecimientos, a menos que se desdibuje el lado opositor. Esa lógica parece inevitable si es que se pretende sintonizar con los descontentos que se acumulan. El camino del silencio parece, entonces, lo más prudente. Un camino que permite organizar la dialéctica entre oposición y gobernabilidad frente a uno de los gobiernos más frágiles de la reciente historia.

De otro lado, el silencio resulta, al menos por ahora, el camino más seguro para ir organizando el necesario acuerdo entre oficialismo y oposición, con el objeto de poner a buen recaudo al Ejecutivo y desarrollar un plan mínimo de reformas hacia el 2021, el único camino para alejar de la mediocridad y la recesión a la administración pepekausa. En un escenario diferente, el conflicto se desbordaría innecesariamente.

Al lado del perfil de la lideresa fujimorista es interesante anotar otros hechos que pueden revelar que al interior del movimiento naranja empiezan a surgir procesos realmente interesantes. Hasta hoy, por ejemplo, el fujimorismo era conocido por diversos proyectos de ley con marcado sesgo populista y estatista que, en muchas ocasiones, volvía borrosas las fronteras entre los congresistas naranjas y las propuestas del Frente Amplio, la izquierda y el populismo desatado de Acción Popular.

Sin embargo, en una interesante entrevista desarrollada por Jaime de Althaus a la congresista Úrsula Letona, de una u otra manera, ha quedado establecido que en el fujimorismo existe una corriente liberal y tecnocrática que revela la multiplicidad de rostros que asoman en este movimiento con rasgos populares. Letona apuesta por la temida reforma proflexibilización laboral, por si las dudas persisten.

Si a estas expresiones le sumamos el hecho de que, de un tiempo a esta parte, en la mayoría legislativa parece que se utilizara la vieja escopeta de dos cañones del aprismo del siglo pasado, entonces se acrecienta la complejidad de las cosas. En efecto, en la mayoría legislativa hay congresistas que se dedican al ataque —algo absolutamente necesario en la actual esgrima política— y quienes se dedican a armar los consensos. La vieja escuela aprista, pues, le permite al fujimorismo seguir subrayando su papel opositor mientras sigue bregando por acuerdos y gobernabilidad.

¿Qué significa todo esto? Que el fujimorismo comienza a ser una representación plebeya y emergente con más complejidad de lo que le reconocen los sociólogos y profesores de izquierda que suelen doctorear en asuntos de política. Esa complejidad quizá lo acerque en algo a la versatilidad y diversidad que alguna vez tuvo el peronismo en la Argentina.

En todo caso, estos apuntes sobre el fujimorismo solo sirven para ratificar que así como en el siglo pasado el antiaprismo producía un aprismo más pétreo y denso. hoy el antifujimorismo lo único que ha logrado es fortalecer al fujimorismo. Incluso por encima del liderazgo de Alberto Fujimori, tal como lo hemos contemplado con el protagonismo desmesurado y fallido de Kenji Fujimori.

 

Víctor Andrés Ponce