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La trampa del chavismo liberal

Columna del director

La trampa del chavismo liberal

7 de Septiempre del 2016

La estrategia oculta de la izquierda

En el Perú la izquierda —en particular el Frente Amplio— empieza a aparecer como la abanderada de los derechos civiles de las minorías y las cuestiones de género. A partir de ese posicionamiento no solo se reclaman socialistas, sino que demandan la representación del liberalismo. ¿Es posible semejante cóctel ideológico?

Para absolver esta interrogante quizá habría que preguntarse en qué tipo de sociedades es posible que se despliegue una lucha en defensa de los derechos civiles de las minorías y las cuestiones de género. La respuesta es simple: en las sociedades abiertas que han consolidado sus democracias y sus economías de mercado. En los países en los que los autoritarismos y dictaduras extienden sus sombras es imposible plantearse semejante tipo de reivindicaciones.

Por ejemplo, si miramos de cerca el vecindario notaremos que en Venezuela, Ecuador y Bolivia casi no existen movimientos a favor de las minorías por la sencilla razón de que las oposiciones se gestan alrededor de la lucha por las libertades políticas y económicas. Y si miramos más lejos, ¿alguien puede pensar que en Cuba, Corea del Norte y las teocracias islámicas se desarrollará un movimiento a favor, por ejemplo, del matrimonio gay? Suena a delirio, a locura.

En el Perú, por lo tanto, es posible la existencia de movimientos a favor de los derechos de las minorías y de género porque existe una democracia que se consolida y una economía de mercado que, no obstante sus problemas, sigue siendo la mejor alternativa para los peruanos.

En la conducta de la izquierda se presenta una contradicción insalvable: el programa del Frente Amplio y de la izquierda, en general, cuestiona las bases con que se han organizado las libertades políticas y económicas del Perú actual; es decir, de la sociedad en la que se despliega la lucha por los derechos civiles de las minorías y de género. La izquierda no solo pretende derogar la actual Carta Política y cuestiona las políticas de libre comercio que, en gran parte, explican los logros económicos y sociales de la República, sino que se niega sistemáticamente a condenar a Venezuela y Cuba.

En otras palabras la izquierda no es una firme defensora de la sociedad abierta. Sin embargo, se presenta como la campeona de las minorías y las reivindicaciones de género. ¿Cómo entender semejante conducta? Es evidente que estamos ante una estratagema de poder. La izquierda intenta que la principal contradicción del país se desarrolle alrededor de los derechos civiles de las minorías para ocultar su evidente ofensiva en contra de la democracia y la economía de mercado. Y, de alguna manera, lo ha conseguido relativamente.

Un verdadero liberal sabe que los derechos civiles de las minorías y las cuestiones de género forman parte de los pilares básicos de una sociedad abierta. Pero un liberal, igualmente, sabe que la lucha por la libertad es un proceso largo y tortuoso. En el Perú no habrá defensa de los derechos de las minorías sin una defensa frontal del sistema democrático y de la economía libre. Y desde las elecciones del 2006, del 2011 y del 2016, de una u otra manera, la mayoría de los peruanos hemos enfrentado la amenaza antisistema.

De allí que cuando la izquierda se jala los cabellos en defensa de los derechos de género solo revela la hipocresía de su estrategia de poder.

Víctor Andrés Ponce