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La enfermedad infantil del izquierdismo en el comunismo

Columna del director

La enfermedad infantil del izquierdismo en el comunismo

23 de Agosto del 2017

Reflexiones sobre la estrategia del radicalismo sindical

Las tácticas y estrategias políticas de Lenin eran enemigos formidables de la democracia y la economía de mercado en el siglo pasado. De allí la importancia de revisar sus textos, sobre todo cuando las dirigencias radicales del magisterio parecen aplicar a pie juntillas los manuales marxistas para seguir arrinconando a las instituciones tutelares de nuestro sistema democrático. Después de negarse a firmar el acta con el Ministerio de Educación (reclamando estabilidad laboral absoluta), negociada a intermediación de un grupo de congresistas, las cosas empiezan a ser claras: no hay una estrategia sindical sino un plan político de acumulación de fuerzas que busca desatar una crisis de gobernabilidad “en el sistema burgués”; o si quieren, en “la sociedad terrateniente burocrática”.

Pero Lenin tenía más sentido común que las dirigencias del Movadef, Pucka Llacta y el MAS de Gregorio Santos. En La enfermedad infantil del izquierdismo en el comunismo, el político ruso afirma que cuando las dirigencias forzaban las plataformas y las estrategias de lucha de las masas por un voluntarismo infantil, generalmente, las señaladas masas eran derrotadas por el Estado.

Bueno, pues, aunque parezca mentira, después de la negativa a firmar el acta con el Minedu, si bien la sensación de falta de gobernabilidad se acrecienta, nunca como ahora la derrota de este radicalismo sindical —que lanza a los docentes a una confrontación final— se presenta como una real posibilidad, siempre y cuando el Estado logre restablecer el principio de autoridad.

Por ejemplo, no parece posible que el Estado retroceda en la Ley de Carrera Pública Magisterial, la evaluación del desempeño docente y todos los criterios meritocráticos que se desarrollan como política de Estado desde los últimos tres gobiernos. De otro lado, la persistencia de la huelga ha comenzado a movilizar a los padres de familia en las provincias, mientras el radicalismo pretenden desarrollar un último envión de “masas en la capital”.

A partir de ahora la desesperación de los padres de familia y la responsabilidad del extremismo sindical en la situación crecerán casi de manera paralela. Y, en las provincias, ante la decisión del sindicalismo radical, poco a poco los docentes retornarán a clases ante la posibilidad de los descuentos y los despidos. Y, de pronto, el extremismo a la ofensiva comenzará a presentarse en defensiva general.

De allí la desesperación del radicalismo en concentrar fuerzas en Lima y convertir a la capital en el campo de batalla final. Que hay desesperación radical es más que evidente. Sin embargo, para que este infantilismo izquierdista en los sindicatos se estrelle contra sus propios errores monumentales se necesita que el oficialismo, la oposición, la Fiscalía y el Poder Judicial comiencen a entender qué cosas están en juego en esta asonada preinsureccional que pretende desarrollar esta nueva coalición de radicalismos.

Por ejemplo, si el Ejecutivo, el Congreso, la Fiscalía y el Poder Judicial se unifican para aplicar la Constitución y la ley, y se procede a los descuentos y despidos correspondientes, el maoísmo sindical comenzará a ser un pez sin agua (masas). Y si la fiscalía procede a armar los expedientes contra quienes arman barricadas en las calles de Lima y se detiene y procesa a los que correspondan, entonces evitaremos los muertos y la cuota de sangre que parece buscar con desesperación el extremismo.

Cuando se enfrenta una asonada de masas como la que contemplamos, las diferencias entre oficialismo y oposición deben borrarse de inmediato, porque el principal deber de los demócratas es defender la democracia y la gobernabilidad.