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Juegos perversos entre oficialismo y oposición

Columna del director

Juegos perversos entre oficialismo y oposición

11 de Septiempre del 2017

La terrible decisión de no cambiar el Gabinete

Cualquier observador con buena voluntad habría llegado a la conclusión de que, a estas alturas, el fujimorismo no irá por la censura de la ministra de Educación, Marilú Martens, porque una cosa es desarrollar el papel opositor y otra diferente hacerle el juego a los radicalismo magisteriales. Sin embargo la interpelación a Martens ha posibilitado que algunos desempolven la delirante tesis acerca de que el fujimorismo pretende la vacancia presidencial. Felizmente ya nadie les hace caso. Quizá ese sea el camino, pero vale la mención para el análisis.

No obstante que ya hubo dos reuniones entre PPK y Keiko Fujimori, ¿por qué hasta ahora no se organiza un escenario en el que la dialéctica oposición y colaboración destierre desgastes innecesarios? Todo parece indicar que el presidente Kuczynski ha asumido la tesis del extremismo antifujimorista, que señala que el Congreso debe encargarse de la remoción de los ministros. Esta tesis, que comienza a volverse perversa para la democracia, parece provenir de la idea de que el fujimorismo no puede renunciar a su papel opositor —es decir, a situaciones como la interpelación de Martens— y que, por lo tanto, debe asumir el costo político del relevo de cualquier ministro.

La tesis es bastante cómoda para los integrantes del Gabinete Zavala y para el extremista antifujimorista que hace las veces de asesor, pero terrible para la gobernabilidad y para el propio presidente Kuczynski. En todo caso, si en el pepekausismo no se leen las encuestas que registran una caída libre de la popularidad presidencial y se buscan las causas, entonces, la pregunta que surge es, ¿cómo se hace para preservar la gobernabilidad? El suscrito, particularmente, no vislumbra una salida.

Porque lo más terrible de esta lectura es que el extremista antifujimorista le ha hecho creer al inexperto tecnócrata que el fujimorismo está pagando los costos de pechar ministros y alancear al Gabinete. ¿Cómo se puede pensar de esa manera? Si el Ejecutivo sigue en la misma actitud política, ¿acaso no se entiende que las interpelaciones se volverán populares y tentadoras? Cada día será más difícil para el fujimorismo evitar subrayar su papel opositor, a menos que deje a las fuerzas antisistema el espacio para expresar el descontento contra el Gobierno pepekausa.

Sin embargo el movimiento naranja tiene que hallar la fórmula para evitar interpelaciones como a la titular de Educación, que ha posibilitado que algunos salgan a hablar de vacancias o locuras, como las supuestas alianzas entre naranjas y el senderismo magisterial. Algo también está fallando en la percepción fujimorista sobre cómo organizar ese juego riesgoso de desarrollar oposición y, al mismo tiempo, sostener al Gobierno más frágil y errático de la reciente historia.

Pero el responsable de enmendar la situación es el propio presidente Kuczynski. Cuando un Gabinete suma errores como el actual, siempre vale recordar que los ministros son fusibles, que están en la cumbre más alta para preservar la figura del primer magistrado de la nación. El ministro cae y el jefe de Estado permanece, ese es el principio. El hecho de no haber producido cambios en el Gabinete sigue causando la impresión de que nadie pretende enmendar nada, no obstante la pasada huelga magisterial, el imparable desborde criminal y la sensación de desorden ministerial. ¿Acaso alguien espera que la popularidad descienda a un dígito?

Es hora de que los amigos del jefe de Estado —aquellos amigos de verdad y que no buscan la asesoría de la semana— se acerquen a hablar con él e intenten persuadirlo de que no puede caer en el juego cínico de pretender que el Congreso cambie a los ministros que él debería cambiar con urgencia. Los amigos sinceros deberían decirle que en ese juego perverso la que más pierde es la institución presidencial, y que confiar solo en que la economía repuntará el próximo año es demasiado riesgo sin política.

Víctor Andrés Ponce