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Juegos de vacancia y adelanto de elecciones

Columna del director

Juegos de vacancia y adelanto de elecciones

10 de Febrero del 2017

La irresponsabilidad del antifujimorismo radical

Los primeros en hablar de vacancia presidencial luego de las elecciones generales del 2016 fueron los periodistas Rosa María Palacios y Augusto Álvarez Rodrich. Pero el augurio venía con la envoltura antifujimorista de siempre: supuestamente el fujimorismo tenía un plan para vacar el presidente Kuczynski y adelantar las elecciones con el objeto de sentar a Keiko Fujimori en Palacio cuando antes. Hoy los hechos y la conducta naranja nos demuestran que semejantes razonamientos eran simples apasionamientos. Ahora, Verónika Mendoza, la candidata de la izquierda que votó por PPK, convoca una marcha contra la corrupción y vuelve a plantear la hipótesis de una vacancia presidencial. En otras palabras, vincula a PPK con posibles casos de corrupción.

¿En qué momento la primera magistratura de la Nación se devaluó tanto para que periodistas y políticos hablen de una vacancia como si se tratase de la remoción de un presidente de una federación universitaria? O quizá la pregunta está mal planteada: ¿cómo es posible que, a estas alturas —luego del siglo XX, la caída de todos los muros, la experiencia del fujimorato, los chavismos tropicales y las teocracias islámicas—, algunos crean que adelantar elecciones es como cambiar el cronograma de la elección del delegado del salón?

En todo caso, quienes hablan de vacancias en uno u otro sentido son los representantes del antifujimorismo radical, y nos revelan que antes que demócratas son antifujimoristas. ¿Por qué? Con cierta astucia los acompañantes de Verónika —una candidata delgadita, sin la menor formación, inflada por los medios antifujimoristas luego de la segunda vuelta— se han percatado de que si la administración PPK llega al 2021, desarrollando una gestión regular, con un crecimiento modesto del 3%, inevitablemente llegará la cosecha del movimiento naranja. De allí que se lancen a la audacia de hablar de vacancias y deslizar una propuesta implícita de adelantar elecciones. ¿O no?

De allí también que imaginar una conspiración naranja contra PPK solo busque colocar al fujimorismo como responsable del fracaso pepekausa en cualquier circunstancia, más allá de que el movimiento naranja guarde silencio y se siente en el balcón sin mover una sola ceja.

¿A qué viene todo esto? Al margen de que el sociólogo o el historiador de izquierda prefiera la neblina ideológica e invente galimatías para explicar el actual momento de la historia del Perú, se puede sostener que nuestro país está construyendo la primera democracia que ha reconocido el voto y la propiedad de todos los peruanos sin exclusión, y que avanza hacia la quinta elección nacional sin interrupciones. Inclusión y estabilidad institucional, dos condiciones para hablar de República, ¿o no?

Bueno pues, preservar al cuarto gobierno electo sin interrupciones, para cualquier demócrata o libertario es asunto de vida o muerte. Por eso especular con una vacancia revela que no hay convicción democrática y que las pasiones lo envuelven todo, sobre todo cuando en el caso Lava Jato no hay espacio para las especulaciones. ¿Por qué? Por la sencilla razón de que en estas investigaciones existen cuentas y transferencias millonarias que gritan a nivel continental. Si hay cuentas el político muere; si no las hay, no sucede nada. Y también porque las investigaciones no son exclusivamente peruanas, sino que vienen de Brasil y Estados Unidos.

No hay espacio, entonces, para las especulaciones gratuitas que suele hacer la izquierda; ya no puede desarrollar sus estrategias políticas en base a la lucha anticorrupción como, por ejemplo, cuando se afirma que en los noventa hubo robos del orden de los US$ 6,000 millones en privatizaciones o los llamados narcoindultos durante el humalismo.

De una u otra manera, estas especulaciones sobre vacancias nos revelan la agonía del antifujimorismo radical. Pero si la desgracia se asomara al Perú y tuviésemos que enfrentar situaciones límites, todos los peruanos de buena voluntad sabemos que la administración PPK —con todas sus líneas de sucesión política— debe llegar al 2021. No hay otra. Así se construyó la República de Estados Unidos, por ejemplo.

Por Víctor Andrés Ponce