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Establishment con ataque de nervios

Columna del director

Establishment con ataque de nervios

27 de Febrero del 2017

Antifujimorismo radical y el adelanto de elecciones

Ante la magnitud del escándalo Lava Jato, es evidente que en el antifujimorismo radical se ha desatado un verdadero ataque de nervios. En medio del derrumbe de las estatuas de los dioses antifujimoristas, los fujimoristas parecen estar sentados en la platea, sin mover una sola pestaña, observando cómo sus adversarios son pasados por las cuchillas judiciales.

La desesperación es de tal magnitud que los medios antifujimoristas pretendieron levantar vuelo agrandando las letras de la noticia de la inclusión de Keiko Fujimori en una investigación fiscal. Pero al día siguiente la realidad los devolvió a las declaraciones de Jorge Barata en las que denunciaba la entrega de US$ 3 millones a Nadine Heredia. Una reciente encuesta de GFK grafica la crisis de nervios desatada, sobre todo por la manera tan dirigida como se plantean las preguntas.

A pesar de todos los esfuerzos en su contra (en la encuesta se pregunta por la popularidad de Kenji), Keiko sigue subiendo mientras que el antifujimorismo empieza una larga búsqueda del candidato alternativo, tal como sucedió antes de la pasada primera vuelta en la que la gitanería antinaranja iba como un saltaperico de César Acuña a Julio Guzmán, para luego detenerse en Verónika Mendoza hasta, finalmente, aterrizar con PPK en la segunda ronda. En la mencionada encuesta Guzmán, el moradito, empieza a aparecer como el mesías antifujimorista, relegando a una Mendoza golpeada por las agendas.

Ahora bien, ¿qué puede haber detrás de esta crisis nerviosa del antifujimorismo radical? Quizá exista una clave en el hecho de que algunos vuelvan a insistir en la peregrina tesis acerca de una voluntad fujimorista de promover la vacancia presidencial. Si todos contemplamos cómo el movimiento naranja mantiene una prudencia y una clara apuesta por la gobernabilidad frente a los escándalos Lava Jato, ¿cómo insistir en ese razonamiento?

Una hipótesis puede ser la siguiente: el antifujimorismo radical podría estar considerando seriamente que la mejor opción para sus intereses es adelantar las elecciones. ¿Por qué? Si la democracia cumple sus plazos constitucionales y las instituciones investigan y sentencian a los políticos antifujimoristas posnoventa sería muy difícil que el antinaranja radical vuelva a resucitar la polaridad fujimorismo versus antifujimorismo.

Y, por el contrario, si los naranjas desarrollan su papel opositor apostando claramente por la gobernabilidad, a sostener la administración pepekausa —pese a lo difícil— hasta el 2021, definitivamente, llegará la hora de la cosecha keikista.

¿Una tesis exagerada? Puede ser. Pero el pragmatismo del antifujimorismo radical alguna vez tendrá que estudiarse para entender a profundidad las relaciones entre política y sentido de la oportunidad. El antifujimorismo era un detergente que te permitía ir de la derecha a la izquierda; es decir, apostar por Toledo o por Humala, sin el menor rubor. Las ideas de sistema y antisistema se diluían bajo este lavatodo. Apoyar a un candidato como César Acuña o jugarte por el primer aparecido, como César Guzmán, era absolutamente posible. Quizá lo más grave del detergente antifujimorista no haya sido el enorme sentido de oportunidad en lo público, sino que el pícaro se lavara la cara, tal como lo acabamos de comprobar con la decepción de Alejandro Toledo.

El antifujimorismo radical peleará con uñas y dientes su preeminencia en el espacio público y cultural. Finalmente todo el establishment de los últimos quince años —que hoy se derrumba a pedazos— usó de alguna forma ese detergente. Más allá de cualquier aproximación, una cosa sí parece segura: el nuevo político que surgirá de este cataclismo es aquel que planteará superar la polaridad fujimorismo versus antifujimorismo que ha terminado enfermando a nuestra sociedad.

Víctor Andrés Ponce