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El reto de Galarreta

Columna del director

El reto de Galarreta

26 de Julio del 2017

Las responsabilidades del futuro presidente del Congreso

Sorprendió el nombramiento de Luis Galarreta como candidato de Fuerza Popular para la presidencia del Legislativo, sobre todo considerando que el perfil del mencionado congresista estaba claramente inclinado al lado opositor del fujimorismo. Sin embargo Galarreta es un político con escuela y larga trayectoria en el Congreso; no solo por actividad legislativa, sino también porque son conocidas sus dotes de concertador. Por ejemplo, Galarreta tuvo mucho que ver con la convergencia que se organizó para elegir a Luis Ibérico en la presidencia del Congreso durante el periodo nacionalista.

Los políticos tienen esa versatilidad. Cumplen diferentes papeles de acuerdo a las circunstancias, particularmente si existen claras necesidades de la organización política. En el Partido Aprista, la mayor referencia de organización partidaria del siglo pasado, los líderes y cuadros apristas solían alternar papeles en la conocida “escopeta de dos cañones”. Muchas veces sorprendían envolviéndose con la figura de los acuerdos luego de haber desarrollado un intenso papel opositor. Un ejemplo más inmediato, más allá de su independencia partidaria, es el papel que cumplió Pedro Cateriano en el nacionalismo. Cuando fue ministro de Defensa era un ariete implacable contra la oposición, pero cuando asumió la jefatura del Gabinete tuvo la audacia de reunirse con archirrivales suyos como Alan García y Keiko Fujimori.

¿Por qué extraña razón entonces un político como Galarreta tendría que cuestionar las mejores tradiciones políticas? No hay motivo. Más aún cuando la gestión de Luz Salgado ha dejado una valla muy alta en cuanto a relaciones Ejecutivo y Legislativo y a gestión dentro del Parlamento. Cualquier conducción del Congreso que no mantuviera ese nivel sería un despropósito.

La idea de que el Perú ha vivido un año perdido por los picos de polarización Ejecutivo y Legislativo —pese a la buena gestión de Salgado— acrecienta las responsabilidades y los retos de Galarreta. De alguna manera el congresista será protagonista de un nuevo momento de aprendizaje de la democracia, en el que se buscará recuperar el tiempo perdido por la falta de acuerdos y entendimientos. Pero no solo se trata de superar polarizaciones innecesarias, sino que ese es el único camino mediante el cual Fuerza Popular puede desarrollar una agenda de reformas constitucionales y legislativas para modificar la estructura del Estado. Algo que los fujimoristas no han podido hacer hasta hoy, quizá por las lógicas de acción y reacción entre Ejecutivo y Legislativo.

Según diversas versiones al interior de Fuerza Popular, Galarreta habría sido propuesto por la propia Keiko Fujimori por una sola razón: por su vocación institucionalista al interior del fujimorismo. En otras palabras, se habrían relegado a personajes más cercanos a la cúpula fujimorista para enfrentar los retos con mayor institucionalidad.

Semejante noticia representa una interesante novedad para los peruanos de buena voluntad que apuestan por las institucionalidades en medio de una tendencia preocupante hacia la fragmentación. Significa que en Fuerza Popular se ha decidido enfrentar el diferendo abierto con Alberto Fujimori con más institucionalidad y democracia. Es decir, Galarreta como político, de una u otra manera, se ha ganado a pulso el derecho de sentarse en la codiciada silla de la presidencia del Legislativo. Si el hombre entiende su papel en el Congreso y el delicado momento de nuestra democracia, podría estar inscribiendo su nombre en un capítulo de nuestra historia.

 

Víctor Andrés Ponce