Víctor Andrés Ponce

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El misterio de Fuerza Popular

Anotaciones sobre la mayoría legislativa

El misterio de Fuerza Popular
Víctor Andrés Ponce
06 de junio del 2018

 

Luego de que Fuerza Popular se enredara con el tema de la supervisión de las cooperativas por la Superintendencia de Banca y Seguros, el suscrito se declara incapaz de comprender a esta organización política. El argumento del antifujimorismo es que el fuerzapopularismo solo tiene intereses en cooperativas sombrías. Sin embargo, ¿puede una fuerza política colocarse la soga al cuello a sabiendas del resultado? ¿Acaso Fuerza Popular no pretende avanzar en las elecciones regionales? Todo, pues, empieza a ser un misterio inasible, con esa extraña voluntad de ponerse siempre como carne para leones.

Cada día Fuerza Popular se acerca más a una especie de suicidio colectivo. Pero el impulso tanático no tiene que ver con la compra de frigobares, televisores y computadoras, que denuncia un sector de la prensa como parte de una estrategia para evitar que el Congreso apruebe la “Ley Mulder”, que retira el subsidio estatal a algunos medios. No, Fuerza Popular empieza a languidecer porque, no obstante haber conseguido una mayoría absoluta en las elecciones nacionales, renunció a transformar el Perú, renunció a desarrollar una ola de reformas que hubiesen cambiado la política, los alineamientos y que, sobre todo, habrían beneficiado largamente al fuerzapopularismo.

¿Cómo se entiende, pues, que la fuerza política heredera de las reformas de los noventa renuncie a una nueva generación de reformas en democracia? El suscrito trata de encontrarle una racionalidad a esta conducta, y la única explicación sería que el estado mayor de Fuerza Popular habría terminado jurando lealtad a los populismos y los estatismos. Si las cosas fuesen así, entonces, todo tendría explicación.

El fujimorismo siempre fue una fuerza popular con una identidad basada en el anticomunismo (en el imaginario popular, lideró la lucha contra el terror comunista) y el antipopulismo (acabó con la hiperinflación, con grandes cambios en la economía). En esas dos variables siempre reposó la influencia en los sectores populares. ¿Cómo entonces se puede avanzar, con semejante herencia histórica, guiñándole el ojo al populismo? Inexplicable, a menos que alguien pretenda destruir este movimiento.

Hasta antes de la renuncia de PPK, Fuerza Popular parecía entrampada por la guerra Ejecutivo-Legislativo y, por lo tanto, los programas y reformas parecían exquisiteces. Nadie planifica el futuro cuando lucha por preservar la vida en medio de allanamientos. Sin embargo, luego de la renuncia de Kuczynski —y después de ganarle a PPK, a Alberto y a Kenji—, Fuerza Popular siguió renunciando a las reformas. Sí, sorprendentemente, continuó ignorando lo único que podía otorgarle viabilidad hacia el 2021, sobre todo luego de la sangrienta guerra que terminó con la renuncia presidencial.

Y allí estamos. Dos hechos se agregan: los yerros del presidente Martín Vizcarra y del presidente del Consejo de Ministros, César Villanueva, quienes consideran que gobernar es ceder a todas las presiones sociales habidas y por haber; y la histeria de un sector de la prensa que languidece, pero que está dispuesto a quemar hasta el último cartucho con tal de mantener el subsidio estatal a ciertos medios.

En este contexto, Fuerza Popular parece ignorar sus responsabilidades con la gobernabilidad, luego de haber impulsado dos procesos de vacancia, y deshoja margaritas sobre si aprueba o no la Ley Mulder, con una irresponsabilidad que ya resulta irritante. En este escenario, a Fuerza Popular solo le resta defenderse de los ataques de ciertos periodistas. Si el fuerzapopularismo hubiese impulsado reformas, el Perú hoy sería diferente. Fuerza Popular sería una fuerza nacional organizadora y la crisis nerviosa de algunos medios no pasaría de algunos exabruptos. Pero el fuerzapopularismo no quiere reformas, y solo le resta el refugio de la esquina para defenderse.

Lamentable. La desorganización de Fuerza Popular deja el camino libre a los movimientos antisistema en los sectores populares. ¿Alarmismo? Puede ser. Pero hoy el país necesita de alarmismos para rectificar.

 

Víctor Andrés Ponce
06 de junio del 2018

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