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El Gabinete, PPK y Keiko

Columna del director

El Gabinete, PPK y Keiko

21 de Agosto del 2017

La urgencia del cambio ministerial

Esta semana los efectos virtuosos de la segunda reunión entre el presidente Kuczynski y la lideresa de la oposición, Keiko Fujimori, parecían esfumarse. En una sorprendente reacción, que solo priorizaba su papel opositor, el fujimorismo decidió tomarse foto con la dirigencia magisterial radical en el Congreso e impulsó la interpelación contra la ministra Marilú Martens. Más tarde, la propia Keiko subrayó su papel opositor y exigió una recomposición del Gabinete.

En el acto, el extremismo antifujimorista se sintió de fiesta. Más allá de las preguntas de contenido clasista acerca de quién es o a quién le ha ganado Keiko (es la lideresa de una oposición en una democracia, ¿no?), los teóricos de la bronca callejera parecían celebrar un nuevo fracaso más del acercamiento entre PPK y la lideresa fujimorista, los dos principales líderes del país ungidos en las últimas elecciones nacionales.

A fuerza de parecer un estribillo lo repetimos una vez más: si no hay un entendimiento entre PPK y Keiko, fracasará el gobierno pepekausa y la alternativa fujimorista no será viable en el 2021. Y si los acercamientos no prosperan en los niveles esperados, la buena política obliga a seguir insistiendo en el acercamiento entre ambos jefes políticos. Según los resultados electorales y nuestra Carta Política, no existe otra opción, ¿o sí?

Sin embargo para que los acuerdos funcionen el jefe de Estado debe escuchar a la oposición y leer la realidad nacional. PPK no ha hecho lo que debe hacer: un cambio de Gabinete que implique un viraje del Ejecutivo hacia la política. La tecnocracia no es suficiente en democracia, menos en una realidad como la peruana. Se necesita a gritos un Gabinete de políticos.

El presidente no está escuchando más allá de las ventanas de Palacio. El Gabinete Zavala es una nave al garete en medio de una huelga que ha desbordado al Estado. Y si el jefe de Estado no asume sus responsabilidades, todos diremos: crisis de gobernabilidad a la vista.

En este contexto, nadie puede desconocer el legítimo derecho del fujimorismo a resaltar su papel opositor. Es bien difícil ayudar a un Ejecutivo que se mete tantos autogoles en una huelga magisterial. Sin embargo PPK y los tecnócratas pueden equivocarse con los sindicatos radicales, pero una fuerza que se reclama histórica —como pretende ser el fujimorismo— no puede ponerse de costado ante una avalancha callejera que pretende derribar una política estatal promeritocracia en la escuela pública. Finalmente, ¿quién defiende a los niños pobres de los colegios estatales?

Al respecto vale recordar que los movimientos históricos, generalmente, son aquellos que se cargan a las espaldas una sociedad, un país, un Estado, al margen de si están o no en el poder. Hoy el gobierno más frágil de la historia reciente suma una impericia ministerial que se vuelve extremadamente dramática, ¿qué hace el fujimorismo? ¿Prioriza su papel opositor o se pone el país sobre las espaldas?

Ahora bien, es bien difícil definir qué significa cargarse el país a las espaldas. Quizá en vez de desarrollar pronunciamientos públicos la lideresa de la oposición debería (con el sigilo y el silencio que actúan lo estadistas) tomar el teléfono y comunicarse con el jefe de Estado para volver a ratificar su voluntad de colaborar, sin desdibujar su papel opositor. Y en seguida, sugerir, aconsejar, que se produzca el cambio de Gabinete que el Perú y la situación política comienzan a demandar.

Vale recordar que los partidos históricos, que se cargan un país a las espaldas, siempre son recompensados por el voto popular.

 

Víctor Andrés Ponce