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El fujimorismo y los medios

Columna del director

El fujimorismo y los medios

7 de Abril del 2017

¿Tema de fondo entre naranjas y redacciones?

Es evidente que la polaridad fujimorismo versus antifujimorismo de los últimos días resucitó con intensidad y virulencia, evocando los peores momentos de la pasada segunda vuelta electoral y los días previos a la censura al ex ministro de Educación Jaime Saavedra. Pero esa polaridad, una vez más, tuvo un contenido exclusivamente mediático en el que dos grupos periodísticos diversificados en prensa y televisión desarrollaron su vocación por la antipropaganda, relativizando criterios básicos del periodismo. Ahora bien, el fujimorismo también alimentó con grandes galones de combustible a esta hoguera, con una inexplicable propuesta que pretende regular la vida societaria de los medios de comunicación. Sin embargo cualquier yerro nunca justificará la guerra de antipropaganda que contemplamos en los últimos días.

Que yo recuerde en los últimos quince años nunca hubo tanta hemorragia de información sobre el autogolpe del 5 de abril, que desencadenó el fujimorato en los noventa, arrasando con la democracia. Una información que pretendía pasar como balance, pero que, en realidad, era pura antipropaganda en la medida que pretendía reducir al fujimorismo a la experiencia de los noventa, ignorando la oposición democrática que los naranjas desarrollaron en los últimos quince años. Un diario publicó una portada que reproducía los hechos del autogolpe, un canal de cable publicó un especial sobre el caso y El Comercio fue consumido por las pasiones en todos sus editoriales.

Planteada las cosas así, vale preguntarse, ¿qué sucede entre las redacciones y el fujimorismo? ¿Solo se trata de una defensa de la libertad de prensa, como arguyen los medios, o hay algo más? Estas preguntas son pertinentes porque esta polarización absurda puede terminar derribando la gobernabilidad y desatando un naufragio en la democracia. Y los muchachos ingenuos del gobierno se suben al estribo de esta polarización creyéndose bendecidos por la venia mediática.

En esta columna siempre hemos sido respetuosos de todas las opiniones y jamás nos hemos excedido en calificaciones y adjetivos; pero es hora de coger, como se dice, el rábano por las hojas para evitar que la agenda política se convierta en una guerra entre los medios y el fujimorismo. No creemos que oponerse a una ley de prensa que pretende inmiscuirse en las redacciones sea la única explicación. Finalmente, el fujimorismo ha comenzado a dar varios pasos atrás en el tema. ¿Cuál entonces es la causa de esta guerra de religiones?

Ha trascendido que en el fujimorismo se vería con buenos ojos una ley de propiedad cruzada de medios, que prohibiría que los concesionarios de canales de televisión controlen la propiedad de periódicos al mismo tiempo, tal como sucede en Estados Unidos y el Reino Unido. Igualmente, ha trascendido que esta posibilidad aterraría a los grupos que se verían afectados con semejante iniciativa.

Bueno, pues, basta de irresponsabilidades. Si allí está la madre del cordero, es hora de poner en el asunto sobre la mesa y que se abran las cien flores, que se multipliquen todos los debates, porque iniciativas de ese tipo forman parte de los grandes discusiones que se desarrollaron en las sociedades abiertas.

Cualquiera puede estar a favor o en contra de ese tipo de iniciativas, pero lo que no puede proseguir es que esta guerra sorda -en el que los periodistas se convierten en activistas políticos mientras el fujimorismo espera el mejor momento para contragolpear- termine quebrando la gobernabilidad y la propia democracia. En medio de esta situación el pepekausismo, candoroso, cree que está sentado en el balcón mientras intenta tapar las realidades con una entrevista o una portada del medio amigo. Grave error. Las demandas se acumulan y se fermenta una furia nacional que también puede hacer trastabillar a la democracia… Algo que todos lamentaríamos.

 

Víctor Andrés Ponce