Víctor Andrés Ponce

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El fujimorismo y el modelo económico

El futuro de Fuerza Popular en debate

El fujimorismo y el modelo económico
Víctor Andrés Ponce
06 de abril del 2018

 

¿Qué explica la continuidad del fujimorismo, no obstante todos los pasivos de los noventa y de la era PPK? La respuesta parece simple: las reformas de los noventa y la idea de un Estado que lucha contra la subversión han sido las dos caras de una misma moneda que posibilitó la sobrevivencia. Si ambas imágenes se hubiesen separado en el proceso de organización de los últimos 17 años, casi estamos seguros de que el fujimorismo se habría volatilizado como el velasquismo y el odriismo.

Y para ser justos, otra explicación de la persistencia del fujimorismo, pese a que todos los dioses del Olimpo se confabularon para desintegrarlo antes de la renuncia de Kuczynski, es la poderosa voluntad del keikismo de organizar el legado de los noventa. Un proceso organizativo que, de una u otra manera, permite el surgimiento de una formación política diferente.

Sin embargo, después de la guerra del fin de mundo librada contra la administración PPK —que se propuso dividir a Fuerza Popular—, luego de la ruptura de Kenji y sus Avengers, y la volteada de página con Alberto Fujimori, el fuerzapopularismo no puede desentenderse del vínculo con las reformas económicas, la lucha contrasubversiva y la poderosa voluntad organizativa del keikismo. Si esos factores permitieron la sobrevivencia, el crecimiento y la conversión en la primera fuerza política luego de la terrible caída del fujimorato, ¿por qué el futuro tendría que ser diferente o desentenderse de ese legado?

¿A qué viene todo esto? Durante la guerra contra el pepekausismo el fujimorismo relativizó su identidad. Para ser justos, puede ser hasta un resultado inevitable. ¿Qué organización puede pensar en el programa y en el largo plazo cuando el objetivo es evitar la judicialización e, incluso, el encarcelamiento de sus dirigentes? No parece posible.

Pero hoy la guerra ha terminado. Ni por asomo se vislumbra un Ejecutivo empeñado en fracturar a Fuerza Popular, de modo que ahora solo cuenta la fidelidad con una identidad y la posibilidad de evitar yerros garrafales.

Durante estos dos años de polarización Ejecutivo-Legislativo, el fujimorismo comenzó a ser extremadamente borroso. La ley de cabeceras de cuenca, la norma que prohíbe la importación de la leche en polvo importada en la elaboración de lácteos, la homologación de las pensiones de los militares jubilados, el traslado de los contratados CAS a la planilla, y otras normas e iniciativas nos revelaron a un fujimorismo —o un fuerzapopularismo— alejado de las reformas económicas y las líneas macroeconómicas de los noventa y cada vez más cerca de las fórmulas populistas.

La guerra ha terminado. Es hora de la paz. El fuerzapopularismo no tiene posibilidades en el largo plazo si no recupera esa identidad que pasó por gestar una alianza entre el Estado, los excluidos y los empresarios para detener la amenaza del senderismo comunista. El otro sendero que forjó el fujimorismo posibilitó desregular los mercados para que los empresarios desarrollen negocios y paguen impuestos. Y con los nuevos recursos estatales, el Estado trepó a las punas para hacer obra e incluir a los excluidos de siempre. Si el fuerzapopularismo olvida que allí nació todo, que desde allí se desarrolló esa potencia popular, tarde o temprano se desintegrará; ya no por la acción del Ejecutivo de PPK ni del mesianismo de Alberto Fujimori, sino —como se dice— por mano propia.

Es hora de demostrar, entonces, que existe un movimiento con identidad y poner al Perú en modo de reformas. De lo contrario quedará en evidencia que no existe estado mayor fuerzapopularista, y la mayoría legislativa enfrentará los fantasmas del odriismo y el velasquismo.

 

Víctor Andrés Ponce
06 de abril del 2018

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