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El Frente Amplio hace política

Columna del director

El Frente Amplio hace política

2 de Noviembre del 2016

Busca la polaridad fujimorismo versus antifujimorismo

El Frente Amplio ha decidido convertir en una oportunidad política la decisión del fujimorismo de elegir a José Chlimper, Elmer Cuba y Rafael Rey (Apra) como miembros del directorio del BCR. La estrategia es simple: deslegitimar a la mayoría del Congreso, presentarla como una fuerza autoritaria que abusa del poder, no obstante que toda América Latina contempla gratamente sorprendida la dialéctica de colaboración que se ha desatado entre un Ejecutivo —que representa a la tercera bancada del Legislativo— y una mayoría absoluta diferente en el Congreso. Todo un caso de relaciones constructivas, digno de estudios de derecho constitucional. Marco Arana habla del BCR y Marisa Glave de la elección de un próximo integrante del TC. Hasta se especula con una posible “liberación legal” de Alberto Fujimori.

Semejante estrategia no tendría la menor importancia sin el rebote mediático de los medios antifujimoristas, liderados por El Comercio. Y, por supuesto, también abonan al frenteamplismo ciertos guiños del oficialismo que busca levantar humaredas antifujimoristas con objeto de tapar yerros y deficiencias de la administración PPK.

La estrategia de la izquierda no tiene nada que ver con el BCR, tiene que ver con el 2021. El objetivo general es golpear el modelo económico y social que, en los últimos 25 años, ha reducido pobreza como nunca, ha expandido a las clases medias, y ha convertido a la izquierda en una fuerza que solo ha abandonado la marginalidad en la última elección. Para avanzar en ese camino solo necesitan un hecho: mantener la polaridad fujimorismo versus antifujimorismo de la segunda vuelta. Al margen de ese escenario es casi seguro que vuelven a las capillas de siempre.

Mientras se mantiene esa polaridad artificial el país se distrae, y la administración PPK se desorienta y no enfrenta los verdaderos problemas que le posibilitarán desarrollar una gestión exitosa, una de las condiciones para evitar que una fuerza antisistema dispute las elecciones del 2021. Un claro ejemplo: en los dos primeros meses de administración, el Gobierno de PPK estaba entretenido mirando las artificiales tensiones con el Congreso (voto de investidura y delegación para legislar) en tanto el frenteamplismo —a través de conocidas ONG— echaba leña y combustible en Las Bambas, en medio del abandono estatal del nacionalismo.

Luego de desatado el conflicto, Marco Arana cuestionó el estudio de impacto ambiental del megaproyecto de cobre del Perú. En otras palabras, la estrategia frenteamplista está definida: parar la producción de cobre en Las Bambas y poner al borde del abismo el plan económico de PPK (se crecería solo 2%). No hay mejor manera de organizar una opción antisistema el 2021.

De alguna manera el fujimorismo hace bien en no responder la agresividad de una izquierda que pretende convertirse en interlocutora política sobre la base de las diferencias al interior del Congreso. Según este libreto las palabras gobernabilidad, democracia, política y autoritarismo no se definen por las relaciones entre Ejecutivo y Legislativo —como ha sucedido desde que se inventó la democracia moderna—, sino por las diferencias con una mayoría parlamentaria. Muy interesante.

En este escenario crispado, el pepekausismo y el fujimorismo deberán encontrar un camino de convergencia casi por estrategia de sobrevivencia. Finalmente, la caída de la popularidad de PPK también afecta al movimiento naranja. Claro está que nadie puede ayudar a quien no se deja ayudar. Si el gobierno pepekausista se empeña en seguir jugando con la estrategia frenteamplista nadie podrá evitar que se desate lo absurdo.

Víctor Andrés Ponce