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El escenario de la izquierda

Columna del director

El escenario de la izquierda

17 de Junio del 2016

La zurda tenderá a radicalizarse

El pronunciamiento del Frente Amplio (FA) y de Verónika Mendoza, de una u otra manera, resolverá todas las especulaciones acerca del diálogo y la gobernabilidad en el país. No solo para los pepekausistas y los periodistas antifujimoristas, sino también para los fujimoristas.

Si bien Verónika Mendoza se reunirá con PPK es evidente que la izquierda está cavando trincheras en contra del “cuarto gobierno neoliberal” de la democracia post-Fujimori. Y no le falta razón, porque a luz de las elecciones del 2006, del 2011 y del 2016, en el Perú se habían presentado todas las condiciones y los ingredientes para un triunfo de una propuesta radical antisistema: desde el piloto automático y el reemplazo de los partidos por la polarización fujimorismo versus antifujimorismo, hasta el descrédito de las instituciones públicas.

A la izquierda entonces le conviene sobremanera que no se mueva un pelo de la actual situación, que continúe el statu quo. Es lo que le permitirá cosechar en las elecciones del 2021. ¿Por qué tendría que apostar a un escenario diferente? El viejo Marx se afilaría la barba y señalaría que, no obstante sus orígenes de clase, en las elecciones pasadas la izquierda es la única que tuvo consciencia de clase, porque sabe dónde están sus intereses. Tan clara tiene las cosas que necesitan, contra viento y marea, que la polarización fujimorismo versus antifujimorismo se mantenga con las brasas crepitando para tentar un escenario parecido a los comicios del 2011 y del 2016. ¿Por qué apostarían a algo diferente si ese contexto garantiza la victoria? Mendoza acaba de sostener que un posible arresto domiciliario de Fujimori obligaría a liberar a Abimael Guzmán. Más claro no cantan los gallos.

En este contexto, cualquier posibilidad de colaboración de la izquierda parlamentaria con la administración PPK le pasará una enorme factura. Sobre todo considerando que el Frente Amplio es una amalgama de mendocistas y aranistas, y que el MAS de Gregorio Santos y el etnocacerismo de Antauro Humala tienen, en el extremismos sin anestesias y la carcelería del líder, ventajas para impresionar a la base social que se radicaliza.

La tendencia de la izquierda parlamentaria, por lo tanto, será a la radicalización, esfumando cualquier posibilidad de colaboración. Si Verónika Mendoza opta por el camino contrario —es decir, acercarse al centro—, de todas maneras se encontrará con el organizado discurso de Alfredo Barnechea, que podría terminar licuando sus posibilidades. El futuro de la izquierda entonces aparece vinculado al bloqueo de proyectos mineros como Conga y Tía María, a resucitar conflictos sociales en proyectos mineros en curso, a liderar las propuestas de una nueva ley general del Trabajo de la CGTP y a las exigencias de aumentar los impuestos. ¿Cómo se colabora con un gobierno y al mismo tiempo se necesita el fracaso para tentar la victoria?

Es hora, por lo tanto, de terminar con los emplazamientos del periodista antifujimorista y sus exigencias de diálogo, que demuestran una soberbia y una ingenuidad que ya conmueve. La elección nacional ha producido una delicada situación para la gobernabilidad, que se solucionará si PPK decide asumir —no solo por su condición de jefe de Estado, sino por su historia, sus tradiciones y sus posiciones— el gobierno de la transición que nunca se produjo luego de la caída del fujimorato.

Esa transición implica la voluntad irrenunciable de PPK liderar el proceso y avanzar hacia acuerdos de punto fijo con el fujimorismo. Cuando uno piensa en esa posibilidad las ideas van y vienen, y la política se convierte en un arte y en el reino de lo posible. El asunto del saludo protocolar al triunfador se vuelve una buena instantánea para el diario antifujimorista. Nada más. A estas alturas, la democracia no se puede concebir sin acuerdos con el fujimorismo. Si las cosas son así, ¿qué dicen los demócratas?

Víctor Andrés Ponce