Víctor Andrés Ponce

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Detrás de la carta de Keiko a PPK

El antifujimorismo y las relaciones con Kenji

Detrás de la carta de Keiko a PPK
Víctor Andrés Ponce
07 de julio del 2017

El antifujimorismo y las relaciones con Kenji

Desentrañar las verdaderas razones por las cuales Keiko Fujimori tomó la iniciativa de solicitar una reunión con PPK tiene que ver mucho con el futuro de la gobernabilidad. Una mala lectura del giro repentino del fujimorismo podría convertirse en el mejor empujón hacia el fracaso de la urgente convergencia entre Ejecutivo y Legislativo, entre pepekausas y fujimoristas.

Los sectores antifujimoristas y la mayoría del humor mediático comienzan a señalar que Kenji Fujimori obligó a la lideresa de la oposición a enviar una carta apurada. Según esta interpretación, la voluntad de Kenji de convertirse en “el puente entre oficialismo y fujimorismo” es la causa del súbito giro naranja.

Aceptar semejante interpretación significaría sostener que la primera fuerza política del país —es decir, Fuerza Popular— solo es un epifenómeno del fujimorato de los noventa. En otras palabras, la participación de Keiko en las dos últimas segundas vueltas electorales y la emergencia de una representación plebeya, hoy mayoría absoluta del Legislativo, solo sería la herencia de Alberto Fujimori. Nada más. Esta peregrina tesis no resiste el menor análisis.

Nadie puede negar que Fuerza Popular tiene mucho que ver con los noventa —sería absurdo desconocer la influencia—, pero sus quince años de experiencia democrática y el incesante y vertiginoso trabajo de bases convierte a este fujimorismo en un nuevo fujimorismo; en algo así como un fujimorismo sin Alberto Fujimori, tal como alguna vez los parafraseara el gran Manuel D’Ornellas.

Si las cosas son así, el liderazgo de Keiko es sumamente importante para explicar el protagonismo político de Fuerza Popular. Desconocer estos hechos solo puede puede deberse a un fundamentalismo que, en realidad, pretende negar la participación de este movimiento en democracia.

Keiko y Kenji son iguales como hermanos, pero absolutamente diferentes en trayectoria política y social. La primera es la lideresa de una oposición real, y el segundo es un ejemplo de buen hijo y, según las últimas entrevistas, una grata promesa para la política nacional. Pero hablar de puentes que se construyen a través de Kenji solo es promover las confusiones interesadas de un antifujimorismo que no puede entender la naturaleza de Fuerza Popular.

En este contexto, ¿qué puede haber impulsado a Keiko a solicitar la reunión con PPK? Desde la política pura, una sola razón: a un año de la administración PPK, y cerca del mensaje de Fiestas Patrias, es evidente que Fuerza Popular debe presentar un balance de su actuación ante el país. ¿Es una fuerza obstruccionista como sostienen sus adversarios? ¿Es una fuerza que se resiste al diálogo y a las convergencias? Es incuestionable que desde el análisis de la pura política, la carta enviada por Keiko es la mejor manera de levantar cargos y precisar conductas.

Mientras en los medios antifujimoristas se endiosa a un Kenji que comienza a alejarse de su partido, Fuerza Popular ha enviado un mensaje —al menos en gestos y símbolos— a favor del diálogo. De otro lado, se ha desmarcado de un posible indulto a Alberto Fujimori, porque la voluntad del diálogo no sobreviene como resultado de una gracia presidencial al ex jefe de Estado, sino de la decisión de un partido ante los problemas de la gobernabilidad. Fuerza Popular entonces no estaría jugando a la semana de Kenji, sino al balance su actuación de cara al 2021.

Ahora bien, ¿por qué es peligroso codearse con las ficciones que sostienen que Kenji es el hombre que puede mover los hilos de Fuerza Popular? Por la sencilla razón de que ya se demostró que no es verdad. Durante la discusión del proyecto de ley de arresto domiciliario para las personas con enfermedad terminal —la llamada Ley Viera—, relacionado directamente con la situación carcelaria del propio Alberto Fujimori, Kenji solo pudo ver pasar el tren naranja que avanzó con disciplina de hierro. El muchacho no pudo hacer nada. ¿Por qué sucedería ahora algo diferente?

El antifujimorismo levanta a Kenji porque veta la participación de Fuerza Popular en el sistema democrático y porque sueña con la fractura de esta representación plebeya. Quizá la estrategia cause cierto daño al fujimorismo, en la medida que Kenji siga disparando en contra de su organización; pero si las cosas siguen por ese camino, Fuerza Popular se volverá obligada mostrar el músculo una vez más y es posible que termine expulsando al menor de los Fujimori. La política partidaria tiene leyes de hierro que se parecen mucho a las de la física: son inevitables. Los partidos siempre hacen lo impensable para preservarse como organizaciones. Si hay dudas, recuerden al Apra del siglo pasado.

 

Víctor Andrés Ponce

Víctor Andrés Ponce
07 de julio del 2017

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