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Antifujimorismo y chavismo

Columna del director

Antifujimorismo y chavismo

3 de Abril del 2017

Sobre historietas y reflexión histórica

El golpe brutal del chavismo contra la Asamblea Nacional venezolana no desató el pronunciamiento y la movilización unánime de los peruanos en contra del régimen autocrático llanero, sino que los medios antifujimoristas encontraron la oportunidad para hacer “un balance y comparación” entre el bestial manotazo de Maduro y el golpe del 5 de abril de 1992. El pronunciamiento del gobierno peruano —incluido el retiro del embajador— mereció el respaldo de Keiko Fujimori, y en el propio Congreso se alcanzó una unanimidad apenas interrumpida por los balbuceos y dudas del Frente Amplio y de la izquierda sobre el zarpazo autoritario. Semejante convergencia no importó.

En El Comercio se editorializó haciendo historietas de la historia, colocando toda la masa de las pasiones en el análisis, y quedó en evidencia que el antifujimorismo más primario había resucitado gracias al despropósito de un grupo de congresistas fujimoristas que presentaron un proyecto de ley que pretende normar asuntos vinculados con la prensa. El error naranja es enorme, quizá solo comparable con el asunto de Joaquín Ramírez en la pasada campaña electoral. Resucitar a los enemigos capitales que agonizan es el peor error de un ejército, ¿no?

Sin embargo nada justifica hacer historietas de la historia. En primer lugar, porque frente al golpe del chavismo el país requiere la más amplia unidad nacional, y si algo hay que denunciar en este momento es cualquier intento de dorar la píldora frente a la brutalidad bolivariana. En el editorial de El Comercio, Keiko Fujimori y Verónika Mendoza podrían ser señaladas por igual frente el golpe en Venezuela; pero todos conocemos de la condena unánime y directa del fujimorismo, y el agua tibia y los tartamudeos de Mendoza y de toda la izquierda.

En segundo lugar, no se puede hablar del fujimorismo solo en referencia al golpe del 5 de abril y tratando de ignorar los últimos 25 años —más allá del misterioso proyecto en contra de la prensa—, porque el movimiento naranja tiene demasiado que ver con la estabilidad democrática durante los gobiernos de Toledo, García, Humala y con el de PPK. En otras palabras tiene mucho que ver con la actual democracia, con la primera República de verdad que los peruanos han logrado construir. ¿0 no?

Si en sociología y política echas mano de la historia recogiendo solo una parte del pasado, si solo tomas una muestra que te interesa y ninguneas la evolución de todo ese pasado, no haces historia sino historieta;, no haces análisis periodístico, sino propaganda y anti propaganda.

El Perú entonces se está perdiendo otro gran momento de unidad y movilización nacional en contra de la autocracia chavista debido a la reacción de un antifujimorismo primario. Un gran momento porque si el Ejecutivo y el Congreso, los líderes oficialistas y opositores coinciden, no solo cambian aspectos importantes de la política interna, sino que consolidan la imagen del Perú como baluarte de la democracia continental. Algo de lo último ha comenzado a pasar luego de la marcha atrás de la autocracia venezolana: se acaban de restablecer las funciones de la Asamblea Nacional. La firmeza del Perú tiene mucho que ver.

Sin embargo vale señalar que todo no es culpa de los apasionados. La voluntad de un sector del fujimorismo de legislar aspectos controversiales sobre la prensa es incomprensible desde cualquier punto de vista. Es combustible para el fuego enemigo, carne para los leones que te atacan. La única explicación valedera del despropósito es que hay la ilusión de intervenir en los asuntos societarios de una empresa con el objeto de favorecer a otro que asumirá la conducción. Tremendo error.

En todo caso, triste momento para una democracia que, no obstante sus problemas, avanza hacia su quinta elección nacional sin interrupciones. Nuestros antifujimoristas parecen estar enfrascados en una guerra de religiones. Con cada error del adversario parecen confirmar que el rival es la representación de Lucifer.

 

Víctor Andrés Ponce