Víctor Andrés Ponce

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¿Algunos quieren adelantar elecciones?

Debates cruciales de la gobernabilidad

¿Algunos quieren adelantar elecciones?
Víctor Andrés Ponce
13 de marzo del 2017

Debates cruciales de la gobernabilidad

La debilidad en política siempre es un incentivo para los aventureros, para quienes creen que el espacio público es un espacio de llegada antes que la construcción de instituciones. Es un secreto a voces en los cafés y las reuniones sociales de una Lima que no pierde su vocación por el chisme (sea político, personal o social), la discusión acerca de que el presidente Kuczynski podría no terminar su mandato y que, por lo tanto, sobre la mesa estaría la posibilidad de adelantar las elecciones. Los argumentos son variados: desde la edad y el cansancio del jefe de Estado hasta la incapacidad política de la administración nacional. Hasta un tiempo atrás existía la peregrina tesis de que el fujimorismo conspiraba para desencadenar la vacancia presidencial. Hoy más bien contemplamos a un movimiento naranja que no sabe cómo hacer para sostener a un gobierno que suele dispararse a los pies.

Estas especulaciones nacen de la debilidad de origen de un gobierno que representa a la tercera bancada del Congreso —frente a una mayoría absoluta del fujimorismo en el Legislativo—, de la ausencia de un partido mínimo y una bancada coherente, y de la ineficiencia política general del Gabinete Zavala. Si a estos hechos les agregamos las especulaciones que han desatado las denuncias del caso Lava Jato, entonces tenemos la fórmula perfecta que alimenta los rumores sobre la espada de Damocles contra la democracia. Ante esta situación el peor error que se puede cometer es evitar verbalizar el problema. Se necesita discutir el asunto precisamente para cancelar estos rumores que dañan a la democracia y al crecimiento económico.

Cualquiera sea el percance de nuestra actual democracia, el resultado final es un asunto de voluntad política de los actores. En la hipótesis, por ejemplo, de que el jefe de Estado renuncie a la primera magistratura de la Nación, ¿por qué extraña razón los demócratas tendríamos que pensar en adelantar las elecciones? ¿No hay una línea de sucesión republicana? Pero si los procuradores y algunos congresistas pretenden debilitar la figura de Martín Vizcarra, primer vicepresidente de la República, con la interpelación por Chinchero, ¿cómo así podemos pensar en líneas de sucesión democrática?

Otra vez: todo es un problema de la voluntad de los actores democráticos. Algunos quieren convertir la democracia peruana en el tribunal del caso Lava Jato: en el fondo, pretenden bloquear las instituciones, detener el crecimiento y desatar el desmadre nacional con objeto de adelantar las elecciones. Eso es más que evidente. La conducta de los procuradores —militantes de la izquierda jurídica— nombrados por Pérez Tello es un claro indicio.

Adelantar una elección como si nuestra democracia fuese una federación universitaria sería herir de muerte a esta la primera República que los peruanos hemos logrado construir. La primera, no solo porque empieza a perdurar con cuatro elecciones sucesivas, sino también por el nivel de inclusión política y económica, inéditos en nuestra historia. La democracia no solo es elección por la mayoría, equilibrio de poderes, limitación del poder, sino también cumplimiento del plazo constitucional.

Al César lo que es del César. Por esas paradojas de la historia, el fujimorismo aparece como el primer interesado en defender la República y sostener la administración pepekausa hasta el 2021. Una buena estrategia que el electorado reconocerá. Y los muchachos que ayer se disputaban el espacio antifujimorista —desde Julio Guzmán hasta Verónika Mendoza y Gregorio Santos, más bien aparecen interesados en adelantar las elecciones.

Si hay alguna duda de que una República también es el cumplimiento fiel de los plazos constitucionales vean la película Jackie que protagoniza Natalie Portman. Se percatarán de que Estados Unidos —como alguna vez sucedió en Roma— es la única república donde se asesinan a los jefes de Estado, pero que sigue siendo república porque, en el acto, ante el magnicidio, se implementa la línea de sucesión democrática.


Víctor Andrés Ponce
Víctor Andrés Ponce
13 de marzo del 2017

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